Un antiguo salón vacío

Otra vez había vuelto a enfangarme en mi montaña de recuerdos, de pasado, siempre que estaba triste, pensativo o simplemente no todo iba lo bien de que debería miraba atrás.
Volvía a aquellos papeles que encerraban una vida, a las fotos que hacían de un instante una imagen y de una imagen una nueva evocación al tiempo en que fue tomada.
Sí, volví, llevaba tiempo con la idea en la mente, aunque no me atrevía, pensaba que quizá fuera más contraproducente debido a mi estado; dudé antes de abrir el armario y ver aquellas fotos de un viaje, las recorrí con la mirada, depositando mis ojos en mí, en las personas que me acompañaban, al lugar; lo recordé con una sonrisa no muy amplia, no porque no fuera grato el recuerdo, sino más bien por el estado en que me encontraba. Me arrodillé en el suelo después de haber quitado todas las fotos cuidadosamente. Abrí los cajones que contenían tanto pasado. Los ojeé por encima volviendo a mi antigua vida, mis locuras, mis sueños, dibujos. Salió mi niño interior y me olvidé de todo, regresé a aquel momento ya vivido pero con los ojos del que lo vive por primera vez, con los ojos del que le es todo nuevo y sorprendente.
Abrí los ojos y regresé a la habitación tan tristemente poblada después de vaciarla casi por completo. Me quedé triste, quise volver a ser niño, volver a aquellos años, pero tan pronto como lo pensé me pareció absurdo e irreal, una estupidez, recogí lo que deseaba llevarme y me senté en el centro de la habitación.
Siempre había mirado a los niños con cierta envidia, o más que envidia admiración, eran inocentes y veían el mundo sorprendente, claro y sin tapujos, sabía que era una época apasionante, pero con un poco de reflexión, pensé que no quería volver a ella, había que mirar hacia delante, quemar etapas de la vida, lo nuevo siempre da algo de miedo. Parece más fácil lo que hicimos, lo que ya pasó porque sabemos cómo fue, como afrontarlo por si vuelve, por si vuelve a suceder.
Había sabido responder a casi todos los problemas a los que me había enfrentado, seguramente porque nunca había tenido miedo a lo desconocido, necesitaba cambiar, pero acobardarme no era la solución, no podía tolerarlo.
Me levanté, tenía que creerme mis propias palabras, sabía que me costaría tiempo volver a ser como antes, quizá nunca volvería a ser como antes, no lo sabía, mientras tanto tenía que creerme mis propias palabras. Estaba pasando un mal momento, sí, ¿Pero iban a ser todos siempre buenos?, me reí en silencio, comprendí entonces que estaba teniendo un dialogo conmigo mismo, que no había tenido en mucho tiempo.
Mi situación era difícil, ¿Pero acaso no había salido de otras? ¿Acaso no tenía fuerza para enfrentarme a eso y más?, dudé, no sabía en aquel momento de cuanta fuerza disponía, me quedé pensando, si no la tenía debía buscarla, seguir caminando.
Me volví a sentar en el suelo, mi mente voló a un recuerdo, me situé en aquel lugar, en lo que sentí aquel día. Pensé:

Pensé por un segundo que había muerto, pero no fue así, seguía allí, en el mismo lugar donde había depositado mi cuerpo, cerré los ojos pero no fui a ninguna parte, estaría allí quisiera o no, solo deseaba que pasara el tiempo, que pasara y olvidar cuanto antes.
Fue difícil la espera, aun lo recuerdo, la angustia, mirar al frente, ponerse la máscara y proseguir, negarse para afirmarse, renunciar a la vida para vivir una nueva. Todo tenía un principio y un fin, el alfa y el omega de todas las cosas, yo aquel día, no veía el momento de terminar.

Me quedé en silencio, sabía que por muchas palabras de consuelo, de ánimo que me diera, había entrado en un proceso en el que tardaría tiempo en asumir, no iban a ser unas absurdas palabras las que me liberaran, debía reflexionar más hasta que estuviera preparado para enfrentarme de nuevo a mis miedos y ser lo suficiente fuerte para vencerlos a todos. Ese día, no fue el día de mi victoria, fue una amarga derrota, pero ella traería el nuevo camino.

2 pensamientos en “Un antiguo salón vacío

  1. Ojalá tuviéramos todos ese tiempo para reflexionar, para ver lo que se quiere y lo que no, para aprender a no cometer los errores del pasado, para ser consciente de que se cambia sin que los demás te suelten un día: “¿te ocurre algo? No pareces la misma de siempre”.. para ver tu propia realidad de las cosas y te des cuenta un día de que, no sólo eres tú la que cambia, sino que, todo cambia… tal vez envidiamos a los niños porque no le dan demasiada importancia a las cosas y al ser niños parece que el tiempo pasa más lento (recuerda cuando siempre querías llegar a una determinada edad para hacer algo nuevo, y luego cuando te querías dar cuenta ya habían pasado dos años más y apenas habías hecho gran cosa)…

    Yo me siento en un bucle, en un bucle sin retorno que no termina, que sigue irremediablemente sin poder poner una señal de Stop para descansar 5 minutos de esta vida estresante, atropellante y sin tiempo… Más de una vez he querido poner un Stop por un momento, pero al ponerlo, sin querer, he parado más de 5 minutos y me he perdido o se me han amontonado mucho las tareas…

    Espero poder tener tiempo para regalar y reflexionar por un instante aunque sea, el sentido de mi vida, porque hay veces como hoy, que con tantas cosas ya no sabes cuál es o para donde tirar…

    Un afectuoso saludo,

    Niphredil

    PD: No dejes que tus miedos se apoderen de ti, si hace falta seguir por un nuevo camino para afrontarlos y dejarlos atrás y cambiar respecto a ciertas cosas, ¡ánimo! pero cuida bien los pasos que das, para que ese nuevo camino sea mejor y puedas seguir aprendiendo de las cosas que nos ofrece la vida.

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