Teléfono de la Esperanza

Llegué al teléfono con cierto miedo, dudas y nervioso. No sabía a lo que me iba a enfrentar, no sabía exactamente que iba a encontrar, pero me habían hablado bien del teléfono. Y como otras muchas cosas en la vida, fueron mis ganas de romper las cadenas del miedo y enfrentarme a un reto lo que me hizo dar ese paso adelante.

Llegué al convento en Guadalupe y vi mucha gente mayor, al principio pensé: esto no es para mí, pensé también en si iba a encajar o no, si era un lavado de cerebro, los prejuicios que afloran cuando en realidad te sientes indefenso.

Fue cuestión de horas pero empecé a darme cuenta, que detrás de nuestro cuerpo, de nuestra carne, todos tenemos algo en común, un ser sintiente, con sus pasiones, sus tristezas, sus anécdotas, cuando me di cuenta de eso, el dejar al margen lo que veo, para empezar a valorar lo que siento de las personas de alrededor empezó a producirse un cambio en mí.

Empecé con “Conocerse para crecer”, y ha sido gracias a todos vosotros los que me habéis ayudado a verme a mí mismo, a comprenderme, a quererme, a perdonarme… He visto vuestro dolor, vuestro sufrimiento, pero también vuestras alegrías y risas, que las he sentido como propias, he sentido como mi grupo crecía y yo con él, y creedme que ver como cada martes llegaba mi grupo un poco más vital, un poco más sano, es una de las experiencias más maravillosas que he podido experimentar en mi vida.

Siempre había tenido miedo de afrontar una terapia, gracias a vosotros he podido dar ese paso, el enfrentarme a mis miedos, mis esquemas establecidos, y reparar, curar y abrazar a esa persona que soy yo, que llevo dentro, y que llevaba tanto tiempo sin darle el tiempo y el afecto que merecía.

Nos herimos en sociedad, muchas de nuestras heridas son causadas por los demás, curarlas en sociedad ayuda mucho a vivir el día a día. Me llevo un pedacito de cada uno para emprender mi viaje, mi aventura. Habéis sido mi posada cada uno de vosotros, un refugio para mi espíritu que me han hecho aflorar de nuevo esas ganas irrefrenables de vivir, de sentir, de gozar de la vida.

Quiero terminar dando una bocanada profunda de aire, llenando los pulmones, siendo consciente de como entra el aire, como se mueve mi cuerpo, como pasa por mi garganta, mi lengua y sale por mi boca el aire. ¿Cómo me siento hoy?, Hoy me siento pleno.

Gracias a todos

Cruz Roja

Hoy que me toca despedirme de Murcia, de mi local, de mis amigos y de tantos voluntarios que se dejan la piel y a tantos a los que entregamos todo con una sonrisa y pasión. Les doy las gracias por esta etapa que hemos vivido juntos, pero sobre todo, por hacer de este mundo, un mundo mejor, un mundo más humano.

Aquí he aprendido una sabia lección, llevar la Cruz es llevar una importante responsabilidad, hace que renuncie todos los días a un parte de mí para ser digno de llevarla. Renuncio a la ira, al odio, a los prejuicios, renuncio a mi visión tan crítica sobre las cosas, renuncio a hablar para poder escuchar, y renuncio a mi propio ego para poder dar todo aquello que soy yo.

Compañeros, quiero que vosotros llevéis la Cruz con orgullo porque sois vosotros los que hacéis que la Cruz sea un orgullo llevarla, como así lo hicieron otros antes que nosotros.
Quiero invitaros a recordar que representamos una institución con 155 años de vida, desde el 17 de febrero de 1863.

Y esto solo sería posible porque hay un denominador común en todos los voluntarios que pasan por aquí: La pasión, la ilusión y las ganas de entrega a los demás.

Tengo la esperanza y casi la certeza de que esta etapa os marcará tanto como en mí lo ha hecho, llevando esos siete principios, humanidad, imparcialidad, neutralidad, independencia, voluntariado, unidad y universalidad como compañeros de viaje.

Me faltaban unas palabras por escribir y dejé inconcluso este escrito hasta hoy, miércoles 12 de diciembre de 2018. Querer siempre entraña un riesgo, perder lo querido. Un año ya en Promoción del Éxito Escolar, y parece que fuera hace unos días cuando me apunté. Os he querido entregar todo lo que soy yo, sin que nadie me lo pidiera, os he dado todo lo que soy sin ninguna obligación, y esto es lo más bonito que me llevo de Cruz Roja, ser libre para entregar mi corazón a los demás, a quien lo necesite, sin importar su edad, cultura, religión o sexo.

Encontramos en el camino personas maravillosas que nos ayudan a seguir caminando, como una fuente que recarga nuestras fuerzas, nuestro espíritu y nos alienta a caminar, a retomar el camino, y seguir caminando en ese sendero que llamamos vida. Habéis sido mi fuente, mi ilusión y mi esperanza. No sé si llegaré a estas lineas sin emocionarme, probablemente no, pero eso significará que me he dado permiso para poder sentir, para poder vivir y gozar de la vida plenamente. Os invito a que también lo hagáis vosotros. Gracias a todos.

Juventud

Habláis de la juventud con mente vil y alma ennegrecida. Os falta observación y entendimiento pero bien sobrado os son los prejuicios. Habláis de una juventud sin valores, yo hablo de una juventud valiente. Sin fuerza para levantar países, cuando son capaces de alzar el cuello y mirar al cielo. Habláis de la pereza y la desidia, de una generación que no está a la altura, pero no os dais cuenta de que son pájaros y vuelan por encima de vuestras cabezas.

Un discurso banal, faltado de cuerpo y espíritu que es un monstruo de humo que por la boca escupe veneno y ácido, no se puede esperar más de un engendro encadenado por la sombra.

No desesperéis que de la tribulación nacerá la semilla, los buenos tiempos camuflan la villanía, la pereza y la enajenación, mas oídme, no sois nada de eso.

Es hoy, es ahora, los días en que no hay nada que nos proteja, donde salir con el pecho descubierto a recibir la bala es lo que nos hará libres y grandes. Somos nosotros el rostro del cambio pues no podemos esperar que sean los que apuntan con el dedo desde sus sillones los que nos den la libertad.

Seremos atacados, seremos maltratados, hasta nuestros iguales nos negarán, sufriremos la repulsa de muchos, nos vejarán, insultarán, escupirán e incluso habremos de recibir la muerte por respuesta.

No será un camino fácil, incluso a renuncia de la propia vida, pero esto es juventud, esto es la obra, esta es nuestra obra de llama viva y este es nuestro momento, gozad el martirio porque nos indicará el camino correcto. Lucharé por todo aquello que creo noble y justo, e invito a todo aquel que quiera sumarse a esta lucha que no desespere y que conserve entre sus manos su más puro fuego, su juventud.

Las formas del no ser

Infinitos son los rayos de luz que llegan durante el día, y es fascinante cuando, en la tarde, se atenúa la luz, esperando ver ese último destello como si en la ausencia también hubiera belleza, una belleza fugaz, tenue y expresiva.

Sabes que la luz desaparece, que no será eterna, y sabes que este día se acaba. Esperas expectante pero sereno, como si después de miles de rayos contemplados a lo largo del día éste fuera el más brillante pero no es así. Calmado, cada vez más apagado, produce sombras y colores que en ningún otro momento del día alcanzaste a ver, naranjas, rojos, púrpuras y azules. Es hora de recoger toda la luz y despedirse hasta otro día, quizá el último, es por ello que se resiste a dar su último vapor de vida.

Genocidio y olvido

Mañana del miércoles 17 de octubre de 2018, otro día nos iremos a dormir en la Región con un genocidio por almohada.

Esta vez en el municipio de San Pedro del Pinatar en la calle Barón Benifayó, 8 ejemplares de Brachychiton populneus arrancados a palazos de una excavadora, sin señalizar y sin ninguna medida de seguridad, a plena luz del día, un genocidio que nadie reconoció y se archivó en una de esas páginas del patrimonio del olvido murciano.

Vuelvo a escribir de nuevo porque no me voy a dar por vencido, porque al igual que no permanecería impasible frente a un asesinato en plena calle o una violación tampoco lo haré frente a esto.

Vuelvo a escribir porque me repugna una situación en la que 726 colegiados de una Región no defenderán su patrimonio, porque me repugna que en la Escuela Superior de Ingeniería Agronómica nadie hubiera enseñado que el patrimonio natural de la Región hay que defenderlo, cuidarlo y mejorarlo, porque me repugna el pensar que ningún ciudadano de mi Región fuera capaz de decir basta e interponerse en medio de este genocidio.

¿Cuánto más vamos a esperar?, tenemos que concienciar, cambiar esta realidad que nos atrapa, buscar la cultura de la vindicación. Nosotros también somos esperanza para todos aquellos que piensan que lo que se está haciendo no es correcto pero no se atreven a dar un paso a delante, a luchar por lo que es nuestro, a luchar por lo que es de todo un pueblo.

El COIARM puede ser un referente para la Región y sus ciudadanos, para dar un paso adelante, educar en este valor tan fundamental que es la conciencia ambiental y luchar también contra aquellas instituciones y personas que no hacen lo correcto.

A diferencia de mi carta anterior me basaré en un aspecto más técnico, algo que nos permite cuantificar cuanto hemos perdido, si bien el patrimonio es inestimable desde un valor sentimental, de forma objetiva podemos saber cuánto nos cuesta la mala praxis de la administración.

*Informe

El silencio del huérfano

Ya no soporto más la situación que mantenemos en la Región. He presenciado desde hace muchos años, con mis propios ojos, como se destruía el patrimonio de la Región sin ningún tipo de pudor, tala de los ficus de Avenida América en Cartagena, tala de eucaliptos y ficus del Cuartel de Artillería, podas de todo tipo en pueblos y ciudades por personas de dudosa preparación, hasta la catástrofe de Santo Domingo, y así un largo etc.

Hoy, todos ellos, engrosan ese patrimonio del olvido, para erradicar, una vez más, del pueblo murciano su identidad, engendrando una sociedad huérfana y estéril. La cultura de la Región también son sus paisajes, sus bosques y avenidas, conforman su identidad, aunque a muchos les parezca descabellado también nuestra identidad se escribe en el medio ambiente por medio de la vida. No obstante, cultura también es lo que no hicimos, lo que no hemos hecho, lo que hemos dejado arrancar de las entrañas de la tierra, eso también habla de nuestra identidad, del dejar morir, del dejar pasar, el mirar hacia otro lado y defender la vida.

Como murciano y como ingeniero agrónomo tengo la obligación moral y profesional de proteger el patrimonio de la Región y defender los intereses de todos los murcianos encarnados aquí en su patrimonio.
Le pediría al COIARM, apelando también a su responsabilidad ética para con su pueblo buscar soluciones a estos actos por parte de los ayuntamientos y gobierno autonómico.

No creo necesario remarcar aquí la importancia del patrimonio natural, pues bien sobrado es vuestro conocimiento, por ello, y con más razón, la importancia de defenderlo, y no solo hacer una defensa, sino también fomentar su conocimiento y participación.