Akra Leuké

Como muchas historias todo empieza con un viaje, más frío que de costumbre cuando apenas el otoño había deshecho sus maletas.

En una habitación el click de las teclas de un ordenador, el respirar de cualquier persona o simplemente el rumor de la calle se volvían asfixiantes para aquel chico. Quizá nunca sabré que fue, quizá no lo sabía ni él, pero algo en su cabeza gritó muy fuerte, ¡Corramos antes de que la realidad nos atrape!, salió del edificio y mirando hacía los dos lados de la calle, cruzó y continuó caminando. El día era como unos de esos días en los que no sucede nada pero esperas que suceda algo, mientras espera que suceda se tomaba las cosas con calma. Siguió caminando, el otoño, como dije, había deshecho sus maletas para instalarse mas solo permanecía en la mañana y la noche, a partir del medio día se iba de bares y acostumbraba a dejar un tórrido verano murciano en aras de la primavera. Siguió caminando, no se trataba de ser esperado o esperar, él no creía en que el destino te busca, sino tú a él, no pretendía que el mundo le llevara, odiaba sentirse dominado, él llevaba las riendas del mundo, de su mundo, al menos, eso le gustaba pensar a él.

Llegó a su destino, bueno, lo que parecía un destino agradable, allí se quedó unos minutos, en realidad no pensó que fuera su destino, simplemente le trajo recuerdos agradables y decidió pararse, acostumbraba a fantasear con todo. Le gustaba pararse e imaginar qué serían las cosas si tomara esta elección y no otra, como habría sido algo si no se hubiera producido ese otro algo, así en una sucesión finita hasta llegar al agotamiento cuando decidía parar ese diálogo absurdo entre su mente y un mundo ficticio. Cuando dejó de imaginar entelequias se fijó en el cielo, azul, como acostumbraba a estar el cielo en aquella ciudad que apenas llovía y que el sol pegaba bien fuerte casi todo el año. Alguien le gritó ¡Corramos antes de que la realidad nos atrape!, se giró, pero no vio a nadie, ¿Se estaría volviendo loco?, se acercó y compró un billete. No estaba seguro de que lo que había hecho estuviera bien o mal, si era bueno o malo, simplemente no se lo planteó, tenía dudas, sí, muchas, pero ¿Qué más daba?, él no se habría recriminado nada, mejor pedir perdón que permiso, él era lo que era porque siempre había sido libre de los pensamientos de los demás, había apostado, había arriesgado y ¿Cuántas veces había perdido?, pero y ¿Cuántas había ganado?, la sonrisa que le producía aquello era suficiente para seguir con ese juego.

Al día siguiente un tren le esperaba aunque en realidad era al revés, se montó y esperó a sentir como el motor deslizaba 157 toneladas por el raíl. El viaje se hizo corto, le gustaba recrearse en el paisaje que había visto tantas veces, que no le importaba ver una vez más.

Allí estaba el deseo de reencontrarse consigo mismo, una premisa para soltar lastre, callejear para dar esquinazo al pasado y empezar a glorificar el presente, y porque no, también el futuro. Recorrió la noche en busca del punto más alto, donde plata era el mar y a mar sabía el capricho que llevaba dentro. De espuma oscura eran las salpicaduras y el frío cortaba la piel, ¿pero qué más da?, corrió antes de que la realidad lo atrapase, miles de centellas tintineantes afirmaban su hazaña.

Se tuvieron cerca y se perdieron en sus miradas, en el sabor de sus besos y lágrimas, atesorando la espera del momento un momento después, entre piel y piel su olor, como huelen dos almas al acariciarse, Tchaikowsky y su souvenir de Florencia de fondo.

Historias que la boca no se atreve a contar, que solo el cuerpo cuenta, esos ojos rasgados, dedos que pasan entre su pelo eran una buena razón para amar, para que se amaran, como se atrapan entre sus alas dos pájaros para hacerse uno, la pérdida de cuando se te va alguien, ¡Que vuelen todos los sentimientos de pérdida!.
La incapacidad de sentirse libre, incapaz de dejar de echar de menos, todo, tout ça m’est bien egal, c’est paye, balaye, oublie, je me fous du passe. Hasta incluso aquellas cosas malas que nos suceden tienen algún sentido.

Reflexiones

Ser libre es redescubrir lo que siempre nos pareció igual

Català

Ser lliure és redescobrir allò que sempre ens va semblar igual

English

To be free is to rediscover what always seemed the same

Italiano

Essere libero è riscoprire ciò che abbiamo sempre pensato che fosse lo stesso

漢語

自由就是重新發掘我們曾認為理所當然的事物

Türkçe

Özgür olmak bize her zaman aynı görünenleri yeniden keşfetmektir

Amaneció gris acendrado

Sin pinceles, sin paleta, sin papel ni lápiz se dibujó un día cualquiera. De murmullo azul marino a estruendos de espuma. Emprenden el vuelo blancas palomas. Aleteos de perfume fundidos con el aire. Inmóvil. El tiempo pasa. Supongo que vivir también implica olvidar y dejar pasar para hacer hueco a lo que nos depara la vida.

En su transcurso el sol roza el horizonte proyectando sombras misteriosas. Un joven se lanza. Precipicio. Acantilado de negras rocas empapadas por el Danubio. Tinieblas en un instante. El sol se ha consumido por un grito sonoro. Ese momento en el que te ves a ti mismo en el pasado, en un recuerdo, y te ves como te proyectas al oscuro abismo.

Un pálpito helado congela una fracción de segundo haciéndolo eterno. Una idea que quiso poner el quiero al servicio del puedo. Al borde, queriendo vislumbrar el punto y final de su historia escrita hacia el polvo de la muerte se produce un estallido de luz. Acuarela de brillos. Una bandada de cerúleas mariposas explota el cuerpo del joven. Un baño de luz. Miles de lepidópteros en vuelo se pierden lejos. Muy lejos. Arriesgar por una decisión, una idea, pero te das cuenta de que la historia, casi siempre, al menos en mi caso salió bien, que nos cuesta dar el paso para arriesgar, lo vemos como un pozo sin fondo pero cuando te lanzas, cuando parece que las rocas están a punto de cortarte la piel, hay una explosión de luz y consigues salir airoso de esa experiencia a la que llamamos vida que no queda otra que vivirla.

Me miré a los ojos, donde nunca me supe mentir y en un impulso desmedido antes de que saliera el sol reescribí encima de todos los versos, aceptamos el amor que creemos merecer, no quiero versos que me sepan a poco.
Poco después me volví a mirar y me dije, carga tú con la culpa que a mí ya me da pereza y así acaba un día cualquiera de azul serendepia cuando amaneció gris acendrado. Entre las luces de las calles de una ciudad me perdí para encontrarme, rincones que prometían aventuras. Junto a mi compañera volamos, compañera de viaje, cuántas risas, cuántos enfados, pero unidos, sí, unidos, inseparables, cómplices, una risa que suena a mía salida de otros labios. Nos conocemos de toda la vida, quién diría que somos hermanos y cada día descubro algo nuevo, toda la vida llevamos conociéndonos. Algo de ti me empujó aquel día a dar un paso más lejos, un susurro en tus ojos, en una mueca de consentimiento y a dar el paso para ser valiente, “venga, arriésgate, éste es tu momento” me dijiste mas no con palabras. Caminamos hasta quedarnos agotados en una carrera sin destino, o al menos, nosotros no lo conocíamos, recorrimos cada tramo, cada piedra, para descubrir juntos, cada brisa de historia que tuviera que ser contada. No me creerás cuando te digo que hay gente que olvida un año pasado cuando cumple el siguiente y sé que algún día todo esto serán anécdotas, que nuestras fotos se volverán viejos recuerdos pero ahora mismo, estos momentos no son anécdotas, están pasando, estoy aquí y lo estoy viviendo, porque la vida tiene algo de maravillosa. Es en ese momento cuando te das cuenta de que estás vivo, te pones de pie, ves lo que te hace sentir y todo lo que hace que te asombres, escuchas, te dejas llevar y en ese instante sientes que somos infinitos.

Aquí se separan nuestras historias, tú a Nitra, yo a Viena. Entre las calles de Bratislava me perdí y desperté entre farolas de otra muy distinta, calles pavimentadas de cultura. Atraído por unas palabras que sonaban a entrega, palabras que me convencieran para hacer lo que nunca hice, que me convencieran para soñar lo que nunca soñé. Me atreví a mezclar los licores del cuerpo con los del alma en un juego que solo dos cuerpos se saben, en deseos de soplar el candil para confesar lo prohibido.

Un viaje entre luces y sombras para conocer Viena, dejándome llevar, cogido de una mano cándida, hasta un número de la Schüttaustraße donde la casualidad del libre albedrío o una milimétrica providencia hicieron el resto. Dos hilos se cruzan y se separan durando algo que parece imperceptible en una vida, pero dejan una marca, no sé si amarga, mas seguro que de recuerdo.

Discurso TFM

Antes de empezar la exposición de este proyecto rogaría unos minutos de cortesía para presentar algunos conceptos importantes para contextualizar este TFM y me gustaría mojarme mostrándoles mi opinión personal desde que empecé hasta la finalización de este estudio.

El primero es la pertinencia sobre el desarrollo de un TFM que trate sobre Seguridad Alimentaria y el segundo el por qué de que fuera sobre África.

En mi especialización de Economía Alimentaria para el Desarrollo he “redescubierto” una rama de la ingeniería agrónoma que fue realmente la que inclinó la balanza a favor para hacer esta carrera y no otra. Y aunque me hubiera gustado haberla desarrollado desde que comencé a hacer el grado me alegro haber podido abordarla en mis años de estudiante, supongo que más vale tarde que nunca. Cuando yo llegué al grado y escuché por primera vez en la Ciudad de Cartagena a mi Director Alejandro Pérez Pastor decir “Los ingenieros agrónomos están para dar de comer al mundo” y “nosotros somos los ingenieros de la vida” decidí quedarme, porque desde aquel momento creí y sigo creyendo que un ingeniero agrónomo tiene una responsabilidad ética y moral para con el mundo.

Valencia entre otras muchas cosas me ha brindado esa oportunidad, la de poder ahondar en grandes cuestiones referentes a la humanidad, a nuestro mundo, que nos dieron quebraderos de cabeza y que aún hoy los siguen dando y darles solución, o al menos intentarlo.

Creo que después de hacer esta inmersión de meses sobre este maremágnum al que llamamos sencillamente Seguridad Alimentaria se esconde una realidad que dejamos de lado en nuestra visión occidental. Nos parecería algo impensable ir un día a cualquier supermercado de Valencia y encontrar estanterías vacías o encontrar una única marca de un producto. Lo que para nosotros es algo evidente, no lo es para mucha gente y es algo que tenemos que tener en cuenta. Además, en su mayoría, los países occidentales cuentan con una red de Seguridad Alimentaria para garantizar unos mínimos alimentarios a la población más desfavorecida que no puede permitirse ni una comida al día.

Aunque no es objeto del estudio se palpa en sus líneas que cualquier buen entendedor descubrirá, que existe una necesidad intrateorica dentro de la Seguridad Alimentaria, desde un punto más filosófico es que el hambre y la pobreza deshumanizan al ser humano y en un mundo donde existe cualquiera de las dos, no existe ni la democracia ni la justicia, dos ideales que el mundo occidental exporta y propugna como valores fundamentales de nuestra sociedad. Este estudio me ha proporcionado unas miras más amplias para poder colegir las diferentes realidades a las que nos enfrentamos porque la experiencia nos demuestra que las visiones simplistas o reduccionistas nos hacen caer siempre en los mismos errores.

El segundo, de por qué elegí África fue porque sigue siendo un continente con grandes problemas no solo frente a la Seguridad Alimentaria, sino a la pobreza, la desigualdad, etc, además de existir múltiples problemas para el análisis de datos y una visión global y de conjunto en el tiempo.

Robándoles un poco más de su tiempo, para continuar el por qué de mi elección de África, necesitaré la colaboración del tribunal. Necesitaré que me sitúen en el mapa de África, Djibuti, Burundi y Suazilandia.

Podemos decir muchas cosas de países occidentales, de algunos asiáticos, latinoamérica, pero el continente africano para una gran mayoría está en una profunda oscuridad de desconocimiento.

Melifluo

Noche de plutonio te he increpado, el no sentirme más viajero, de todas esas mañanas de enero, donde te he buscado sin fin. Quizá sonámbulo, quizá medio dormido, he seguido ese camino impuesto, paso a paso, huella a huella, arrastrado por la coacción de mis propias ideas. Un traspié en la tierra del imprevisto, atropellado y como absorto, he intercambiado miradas con el ceño fruncido de sonrisa erguida, mas mi final acaba, devastado y de bruces, a tres cruces, una en la garganta, nada más. Tenue, casi imperceptible, un arrollo untado del centelleo blanco de la luna, arrancado de las entrañas de la tierra, sangre que brota de un dragón en tardes de ocaso dormido. Azur, desvanecida, una luz de estrellas que se arrancan la piel en un duelo ante el riel de vapor de sodio.

Mas paré, y otra vez volví a increpar, noche de plutonio, tú que me tenías medio dormido, tú que me devoras las entrañas, arráncame con calma en el camino del sopor, aguas de sus azarbes, aguas que encuentran ninfas de ova entre sus cañizos, y jazmín de sultanas, y perfumes prisioneros de miles de flores. Ante efluvios de la noche se despeina el alma, inhiesta hiedra que por la palmera trepas, se deshace, tenue, casi imperceptible, un susurro hacia la esfera de plata que corona el cielo.

Madrugadas de septiembre

Son las 2 de la mañana, me llevas alto, muy alto, siento como me abrazas por la espalda, no veo tu cara, solo te siento, siento que estás conmigo y eso me da seguridad. Nos vimos por primera vez una noche lluviosa después de un viaje a Madrid y nunca imaginé que tu sonrisa me acompañaría 7 meses, 10 días, 17 horas y 36 minutos hasta quebrarse en ese nudo en la garganta que me sigue ahogando hasta dejarme sin aliento.

Son las 3 de la mañana, me caigo en un océano oscuro, con las manos a tientas busco en vano nadar para no hundirme. Empapado en sudor despierto. A cada paso miré atrás esperando que estuvieras detrás de mí, para decirme, olvídalo todo, para, vamos a hablar. Tomé el metro en Mediterrani, la parada más cercana a su casa sintiendo como se hundían todos nuestros planes juntos, nuestras niñas etíopes, nuestra casa estilo andalusí por la que discutiríamos como diseñarla, cuantos viajes dejaríamos de hacer juntos… y el martilleo de miles de recuerdos, de cada beso, cada abrazo, cada noche que hemos dormido juntos piel a piel, cada tontería para hacerte reír como si fuéramos niños y las infusiones en el sofá viendo pasarela a la fama con esos filetes de carne con queso, aceite y rúcula. Somos muy diferentes, lo supimos al poco de conocernos, pasaste muchas cosas a mi lado, algunas muy duras y difíciles, y aún así permaneciste conmigo. Siento que me han arrancado algo, que ya no estarás conmigo, que nuestros destinos se alejan y lo que fue nuestro se queda en un recuerdo que es arena en mis manos. Te voy a echar mucho, mucho de menos mi ardilla, y me gustaría tenerte toda la vida a mi lado, de una forma u otra, pero sé que es injusto pedirte eso. Lo que más me duele es perderte por nuestras diferencias pero nadie nos podrá echar en cara que no lo intentamos, que no nos amamos, que fue corto el amor mas no lo será el olvido.

Son las 4 de la mañana, he dado mil vueltas en la cama con mis entrañas encogidas esperando olvidar. Esperé todo lo que pude en l’Estació del Nord deseando verte para que me dijeras que no cogiera ese tren. Fui un iluso, esto solo pasa en las películas. Casi sin darme cuenta te fuiste haciendo un hueco en mi corazón, en mi vida, en mi camino y me ayudaste a caminar.

Son las 5 de la mañana. Mi tren está a punto de salir, esperando un grito entre la gente que me quite el nudo de la garganta. A cada paso una mirada atrás, buscado lo que nunca encontré. Subí al tren y miré atrás hasta que la puerta se cerró. Me mantuve en ella, miré y miré, pero no encontré nada cuando la máquina se puso en marcha, cuando aquella máquina me alejaba cada vez más de otro posible desenlace. Dije adiós a Valencia y cerré los ojos. Te pierdo en esa noche lluviosa, pasas de largo con tu paraguas y nunca nos hubiéramos conocido.

Tan temprano madrugó la madrugada

En un julio cálido abrió la madrugada las puertas para darte la bienvenida. Tranquila, tomada de la mano te fuiste desde la tierra huertana con tu maleta, soplo de aire cargado de recuerdo.
La noticia me arranca un consuelo de golpe helado, un arrebato convertido en alivio de impotencia lacerante. Serenidad aguda. Una evocación se evapora, diluye, de lo que es hoy, ahora, una cáscara vacía. Tierra desmembrada en islas. Colapso de un oxímoron viviente destroza mi cuerpo en un silencio.
Ese beso en la mejilla que entrega tu tiempo. Lento. Más lento. Tu vida, reproducida a cámara lenta. Cada día. Cada hora. Cada segundo. Un péndulo silencioso. Apacible. Delicado. Una marca de lapsos temporales cada vez más extensos. Verte andar, relajada, disfrutando de la brisa del camino, espuma de mar. Sol. Luna. Oscuridad. Un fin prolongado en el tiempo. 6:21 de un jueves 13 de julio de 2017. Te lo llevas todo.
Calla. Mantente en silencio. Abre tus ojos y seca tus lágrimas. Saben a mar. No es mi marcha una interrogación, soy una respuesta viva. Mira mis ojos, mi sonrisa ¿Hay dolor?, ¿Hay miedo? Me he entregado a un viaje preparado cada día para partir. En este viaje no hay maleta, este viaje se hace, desnudo, solo con el corazón levantado. Alto. Muy alto.