Las formas del no ser

Infinitos son los rayos de luz que llegan durante el día, y es fascinante cuando, en la tarde, se atenúa la luz, esperando ver ese último destello como si en la ausencia también hubiera belleza, una belleza fugaz, tenue y expresiva.

Sabes que la luz desaparece, que no será eterna, y sabes que este día se acaba. Esperas expectante pero sereno, como si después de miles de rayos contemplados a lo largo del día éste fuera el más brillante pero no es así. Calmado, cada vez más apagado, produce sombras y colores que en ningún otro momento del día alcanzaste a vez, naranjas, rojos, púrpuras y azules. Es hora de recoger toda la luz y despedirse hasta otro día, quizá el último, es por ello que se resiste a dar su último vapor de vida.

Genocidio y olvido

Mañana del miércoles 17 de octubre de 2018, otro día nos iremos a dormir en la Región con un genocidio por almohada.

Esta vez en el municipio de San Pedro del Pinatar en la calle Barón Benifayó, 8 ejemplares de Brachychiton populneus arrancados a palazos de una excavadora, sin señalizar y sin ninguna medida de seguridad, a plena luz del día, un genocidio que nadie reconoció y se archivó en una de esas páginas del patrimonio del olvido murciano.

Vuelvo a escribir de nuevo porque no me voy a dar por vencido, porque al igual que no permanecería impasible frente a un asesinato en plena calle o una violación tampoco lo haré frente a esto.

Vuelvo a escribir porque me repugna una situación en la que 726 colegiados de una Región no defenderán su patrimonio, porque me repugna que en la Escuela Superior de Ingeniería Agronómica nadie hubiera enseñado que el patrimonio natural de la Región hay que defenderlo, cuidarlo y mejorarlo, porque me repugna el pensar que ningún ciudadano de mi Región fuera capaz de decir basta e interponerse en medio de este genocidio.

¿Cuánto más vamos a esperar?, tenemos que concienciar, cambiar esta realidad que nos atrapa, buscar la cultura de la vindicación. Nosotros también somos esperanza para todos aquellos que piensan que lo que se está haciendo no es correcto pero no se atreven a dar un paso a delante, a luchar por lo que es nuestro, a luchar por lo que es de todo un pueblo.

El COIARM puede ser un referente para la Región y sus ciudadanos, para dar un paso adelante, educar en este valor tan fundamental que es la conciencia ambiental y luchar también contra aquellas instituciones y personas que no hacen lo correcto.

A diferencia de mi carta anterior me basaré en un aspecto más técnico, algo que nos permite cuantificar cuanto hemos perdido, si bien el patrimonio es inestimable desde un valor sentimental, de forma objetiva podemos saber cuánto nos cuesta la mala praxis de la administración.

*Informe

El silencio del huérfano

Ya no soporto más la situación que mantenemos en la Región. He presenciado desde hace muchos años, con mis propios ojos, como se destruía el patrimonio de la Región sin ningún tipo de pudor, tala de los ficus de Avenida América en Cartagena, tala de eucaliptos y ficus del Cuartel de Artillería, podas de todo tipo en pueblos y ciudades por personas de dudosa preparación, hasta la catástrofe de Santo Domingo, y así un largo etc.

Hoy, todos ellos, engrosan ese patrimonio del olvido, para erradicar, una vez más, del pueblo murciano su identidad, engendrando una sociedad huérfana y estéril. La cultura de la Región también son sus paisajes, sus bosques y avenidas, conforman su identidad, aunque a muchos les parezca descabellado también nuestra identidad se escribe en el medio ambiente por medio de la vida. No obstante, cultura también es lo que no hicimos, lo que no hemos hecho, lo que hemos dejado arrancar de las entrañas de la tierra, eso también habla de nuestra identidad, del dejar morir, del dejar pasar, el mirar hacia otro lado y defender la vida.

Como murciano y como ingeniero agrónomo tengo la obligación moral y profesional de proteger el patrimonio de la Región y defender los intereses de todos los murcianos encarnados aquí en su patrimonio.
Le pediría al COIARM, apelando también a su responsabilidad ética para con su pueblo buscar soluciones a estos actos por parte de los ayuntamientos y gobierno autonómico.

No creo necesario remarcar aquí la importancia del patrimonio natural, pues bien sobrado es vuestro conocimiento, por ello, y con más razón, la importancia de defenderlo, y no solo hacer una defensa, sino también fomentar su conocimiento y participación.

Diversidad

No hay viento favorable para quien no sabe a qué puerto se dirige. Algo así venía decir Séneca, durante mucho tiempo había tomado esas palabras como estandarte personal. Tienes que tener las cosas claras, tener un destino fijo, bien encauzado, un camino recto, sin titubeos, firme, siempre firme.

Hoy, con algunos años más a las espaldas, no demasiados, pero algunos son, creo que ya no siento esa frase como propia. He luchado, he vencido, he sido derrotado, me he caído y levantado. Un día tuve las cosas claras, ¿por qué hoy no?, ¿por qué hoy siento que todo me da vueltas?, ¿Por qué hoy siento que nada es como creía? Para llegar de A a B, no siempre la línea recta es el camino más corto, o al menos no el más enriquecedor. Si no me hubiera dejado mecer por el viento, si no me hubiera dejado llevar por esos misterios que encuentras en los muchos senderos por los que uno camina no hubiera llegado hasta aquí. No sería lo que soy, no sentiría lo que siento.
Hoy dejo atrás 6 meses, una muesca en el recorrido de una vida, pero 6 meses de felicidad, de dificultades y alegrías, 6 meses de lucha, sacrificio pero también de recompensa y fruto.

Me llevo mucho, y por más que intentara contener con mis brazos, mi corazón o mi mente cada recuerdo, cada experiencia o cada sentimiento no podría porque desbordarían hasta derramarse.

Cuando empecé a trabajar en el centro de discapacidad intelectual me dije, ¿De verdad estás haciendo lo correcto?, ¿Qué haces tú aquí?, tenía muchos prejuicios, veía un entorno que no tenía nada que ver conmigo, veía algo extraño, tenía verdadero miedo, estaba aterrado, ¿Qué hacía un ingeniero agrónomo aquí?
Los días fueron pasando, mis prejuicios iban desapareciendo, cada usuario y trabajador del centro era un pájaro que iba quitando un pedacito de esa venda que tenía en los ojos, una venda que me impedía ver la belleza del mundo, la belleza de lo diferente, de aquello que se esconde, que nos es oculto.

Cada día era diferente, desde que salía de mi casa hasta que volvía a ella, con cada ciezano, abaranero o blanqueño. Pasé de desconocer mucho de mi propia tierra a conocer algo más de ella, ver la floración de Cieza, el Segura pasando por la Vega Alta, o la Atalaya siempre vigilante.

He aprendido mucho de vosotros cada día, con cada abrazo, cada mirada cómplice, cada risa y cada llanto, con cada pelea y cada arrebato que surgen de un corazón que late y necesita ser escuchado, compartido y sentido por otro corazón que sepa escuchar, compartir y sentir cada latido.

Hoy que me voy hago acopio de todo lo que llevo en mi maleta, una sonrisa en los labios como recuerdo de lo vivido y de lo que dejo, un soplo de aire favorable me lleva, volveré a dejarme mecer por el viento, no sé a dónde, no sé a dónde se dirige.

A Begoña Belmonte

Agradecer a todos aquellos que estáis aquí compartiendo este momento con nosotros. No quisiera extenderme demasiado y que sean ustedes los que juzguen con sus propios ojos, por tanto, no pretenderé que entendáis nuestras diferencias, no voy a definir la capacidad de ser, de existir o de sentir, ni tampoco me voy a consumir justificando la frustración de la lástima.

Cada uno será lo que quiera hacer de sí mismo. Así es como el arte nos hace invencibles, nos hace inmortales, el arte nos hace a todos iguales, sin barreras, sin prejuicios. El arte es una mirada al yo más interno, un lenguaje universal, que no tiene sexo, color, condición o frontera, el arte nos hace libres, una mirada global sobre la libertad del mundo.

Agradecer a Begoña Belmonte su entrega, su dedicación, de quien nunca se quita el traje de artista, de quien lleva puesta su condición en la piel desde que se acuesta hasta que se levanta. Begoña Belmonte nos revela ese misterio que nos es oculto en la diversidad funcional, nos desnuda a cada usuario usando su propio corazón. Pues como reza Schopenhauer, no hay ningún viento favorable para el que no sabe a que puerto se dirige, y es ella quien aporta esa luz.

Lo que vemos aquí es la genialidad de alguien que ha sabido ver con los ojos de su propia alma, la de aquellos que le rodean, hablar la lengua de las crisálidas y darle sentido a cada trazo, color, forma o textura.

Cerrad los ojos, deshaceos de vuestros prejuicios, respirad profundo y escuchad la lengua de las crisálidas. Esta vez sí, abrid los ojos, no miréis, observad, y descubriréis la obra de arte que albergamos en nuestro interior.

Esta es una victoria compartida de los usuarios y tuya, Begoña, muchas gracias por la pasión y la ilusión que le pones a tu trabajo.

Un aplauso.

Exposición

Discurso Unión Nacional de Escritores de España. Ciudad de Cartagena

No quiero dejar de agradecer, en primer lugar, el detalle que la Unión Nacional de Escritores de España ha tenido conmigo, y reconocer, también, la labor de esta asociación para defender y propagar la cultura. Gracias, además, a todos aquellos que habéis podido asistir hoy a este acto, y disculpar, a los que quisieron y no pudieron estar aquí con nosotros.

Seré breve pues no quisiera robarle más minutos de los que me corresponde al Señor Quevedo Carmona.

Gran parte de mi vida la he entregado al ámbito de las ciencias y siempre he encontrado ciertas reticencias a la hora de mezclar ambos mundos, el científico y el de las letras, que, a priori, a mi parecer, no deberían estar ni separadas ni enfrentadas.

Negar esta parte, o mejor dicho apartar de nuestras vidas la literatura, nuestra cultura, es arrancar nuestra identidad.

Hoy que me encuentro aquí, descubro una herramienta más para arreglar ese conflicto que vivo a diario, entre estos dos mundos, entre esta aparente dicotomía, para seguir incentivando la pasión por la palabra escrita en el mundo de las ciencias, pero también acercando y adaptando la literatura a aquellas mentes que aun no han descubierto esta maravilla que es sumergirse en la cultura.

La sombra del coloso

He nacido de la tierra mora, entre el crepitar de aquel que me recuerde, allí, dónde la raíz al suelo muerde y el agua de sus azarbes enamora. A la Vega le debo la vida y el alma.

El murmullo que se desliza entre sus orillas, acequias y norias custodia mi espíritu y sus ecos se sienten en la tierra y se huelen en el aire. Mientras las ranas y sapos borbotean en los remansos del arroyo, el sol despierta. Al alba, en el lejanía el rayo que no cesa, como una espada atraviesa, cada lágrima de rocío, creando juegos de luces y destellos, como un soplo sombrío, de diamantes entre y mi tronco y mis hojas, que al pesado yugo del plomo pomeridiano desvanecen. Tras las horas pesadas del día el sol sigue su propio camino en el cielo. Cae la tarde, y con ella, en el confín del mundo, cárdenos y purpúreos faros del ocaso, entre brazos y piernas de gigantes que en cielo juegan, con los colores a su antojo, por pintar con brochas y pinceles de un candil apagado, óleo añil, rojo y pardo. Con la última luz rozando el horizonte llega la noche, y no todas lucen rasas y estrelladas, otras como mordidas y dentadas, la centella, rompe la esfera en estruendos y emergen aguas terribles y oscuras, que desbordan seguras y anegan todo a su paso, ahogan, asfixian y forman ríos de martirio.

No lejos de allí, en lo alto de una montaña se contempla la ribera que entre vientos desbocados y tormentas atronadoras cuaja de flores en el equinoccio de marzo, una espuma blanca y rosácea llena el valle que solo necesita un instante para desaparecer bajo un conjuro de niebla. Coronando la montaña, desde la atalaya, una voz aterida que no calla, lento lame el suelo enredado en un duelo, entre piedras, calles angostas, recoletas y sinuosas simas de un monte escarpado. Inexpugnable, un pulmón en lo alto exhala, a golpe de tambor, una caricia de un labio helado por un soplo de aire inundado de escalofríos de bruma.

Un hechizo de vapor lo oculta en la duda de la sombra, escondidas las lomas y el paisaje, y yo, que soy pesado como la galena, esposado cumplo bajo un velo de silencio y polvo mi perpetua condena, un disfraz de seda gris como sepultura, pero su traje es prestado, y al salir de nuevo el sol se desvanece y vuelve a verse mi desnudo de plomo y jade.

Y así pasan los años, y de la tierra no me canso, a veces dormido, a veces apesadumbrado y taciturno esperando de la flor el fruto, y del fruto el tesoro, esas pepitas de oro que arrancan de entre mis hojas, a golpe de vara, sobre alfombras que cubren el suelo. Esta es mi razón de ser, la razón por la que el pie y el camino me entregaron a la tierra y al tiempo. Y el tiempo ya puso clausura, y yo sigo aquí, desafiante e impertérrito, arrancando del aire y del cante jondo de la tierra su bramido.

De las profundidades de una grieta surge de llamas un quejido, arranca las vidas de mis compañeros, cubre de cenizas y carbón las lomas del valle, y con él se lleva al hombre. Atado yo a él y éste desaparecido, pierdo mi razón de ser y caigo en el olvido donde dejé de contar los días hasta desaparecer entre las nieblas del bosque de ribera.

El sudor de verano en la canícula, la escarcha de los inviernos más fríos endurecen mi tez de plata, dejan heridas, arrugas de agotamiento y muerte. En las primaveras surge, tras las heladas de febrero, de la carne endurecida, borbotones de vida, del tizón se arranca el vigor de la perla hacia el azul del cielo.
Suspirando de las grietas de mi piel de nácar con los años mutilado por anhelos de Luna, consuelos de Sol y sin temer al rayo.

Como cada abril, centenas de pájaros me atropellan, huéspedes que traen leyendas de sus aventuras muy lejanas, cuentan que hay otros como yo, en miles de lugares, pero son forasteros que solo están de paso. Uno se quedó de mi mano en la palma, y ni corto ni perezoso me picó con saña, y yo que furioso lo agarré y blandí varias veces para no escuchar más sus historias, me sorprendí al ver que no había cicatriz ni estaba lastimado, que había sido un beso y yo que con mi ruido que ahora mi pájaro herido está, entre colores serenos, no encuentro un lugar en el vuelo, junto a mis hermanos y hermanas, que perdí prisioneros de las llamas y que hoy me visitan cada mañana en el recuerdo de aquello que un día fueron y me han quitado. Me han arrancado con un puñal de fuego y pólvora las vísceras y me han dejado varado en esta cama de terrones de barro. En mi consuelo de muerte, en mi pesar de vida, desfallezco medio dormido en la helada del inverno, mi corazón tendido, en los más profundo del leño arrebatado cada latido, cada pulso a la noche y al día para brotar de las entrañas, las sangres de mi sabia.

Se han secado los ríos, el suelo se ha cuarteado y no hay murmullos que custodien a los seres de las pozas. Angustia y hambre, una llaga lacerante para el que quiera oírla, un rechinar de dientes, roca contra roca, desgaste. Ni un pan de barro que echarse a la boca.
Una trompeta de muerte ha llamado, y al ritmo de un martillo y un yunque cielo rajado, con una melodía entre mis hojas, los espíritus por mis requiebros y ramas han danzado. Una exhalación de aire bruto y enrarecido como una zarza retorcidos hasta entregar la última gota de dolor en mis pies tendidos.
Pero yo soy obra viva, y esperanza, soy consuelo de la Paloma, blanca, alzándose en el vuelo, más allá de estas colinas, más allá de estas montañas de las dos Españas por la que vivo y muero. ¡Ay!, las dos Españas que yacen heridas con falta de aliento, una rabia que brota como sangre derramada en venganza que no entraña más que la violencia del dormido.

Dos Españas me han amado y ¡Cuanto amar han derramado que el perdón aún no ha surgido!, ninguna de las dos encuentra alivio, y yo, viajero de estas almas, que yacen aquí heridas, suspiro, como coloso de la sombra, atenazado al suelo.

Perseguido un hombre por un gigante sin rostro le dio caza, un estallido le atraviesa el cuerpo y cae a mis pies dando un golpe seco contra el suelo por único sonido. El gigante se desvanece y se pierde entre el río. Lo contemplé como inmóvil se ataba a la tierra, como yo en algún tiempo también lo hice.

Después de cien noches de luna un manto de silencio camina lento sobre él, lo arropa del frío de la noche. No vinieron a buscarlo, quizá nadie recuerda el cuerpo de aquel caído, por el tiempo, el agua y el sol enverdecido.

Sobre las amapolas de su camisa blanca hoy raída, se posaron miles de luciérnagas, cientos de miles de luces verdes y amarillas como un destello intermitente de magia y misterio. Un hechizo de los rumores de la noche, entre grillos y sierpes que entre las sombras se ocultan y de sus formas solo se reconoce el sonido.

En mi sombra, su cadáver, víctima de una mole, de un gigante envilecido, allí sigue, pero de su boca brota un vapor de vida, la verde luz de la aurora, el amanecer de una nueva época alimentado por entrañas y sangre del macilento torso. Un nuevo brote de vida, sano y erguido, que es luz en mi penumbra, destellos de plata, suave y tersa madera joven.

Ya no reconozco aquel hombre que un día estuvo tendido en el suelo, solo veo un compañero de mi misma sangre, de mi misma piel que se alza al cielo con sus ramas. Es un alma pura que en sus hojas lleva la esperanza, en sus flores el concilio y por frutos un corazón entregado. Disfruto de los días ora que con él mi soledad se ha quebrado esperando ora que mis hojas caen y mi cuerpo ya no da fruto a que las horas ya toquen a su fin.

Reflexiones

No importa que sean casas de ladrillo o castillos en el Loira, no es importante si las gotas golpean los sombreros o los cabellos de señoras, ni si quiera es importante el sol, la luna, las estrellas o las mismas nubes contenidas en el aire que respiro, solo me importa ese lugar y ese momento, el que da sentido a todo lo demás. Cómo el olor inundaba esa calle, cómo el atardecer se ocultaba entre las montañas del valle o las pisadas apresuradas de zapatos cualquier día de lluvia. A cada cual su tierra y sus vivencias le parecerán maravillosamente singulares e irrepetibles, y cada ser, cada segundo contenido en ese tiempo y en ese espacio, nos parecerá, único.