¿Por qué sí y por qué no?

Hace algún tiempo escuché una tertulia sobre las familias tradicionales, el día del orgullo y un largo, etc. A colación dijo uno de los interlocutores: ¿ Y por qué no hay un día del orgullo hetero?

Hoy me he propuesto contestar.

Porque cuando uno va a la escuela ser hetero no es objeto de bullying, pero si ser negro, gordo, listo o bisexual.
Porque cuando ningún niño o niña le echaron de su casa por ser heterosexual, ni su madre sintió miedo porque discriminaran a su hijo.
Porque durante el holocausto los homosexuales sí fueron perseguidos, al igual que judíos o presos políticos, tratados como animales, en condiciones de esclavitud y asesinados en el nazismo pero no se cuenta ningún muerto por ser heterosexual. Pero aún después de lo vivido y terminada la segunda guerra mundial el 2 de septiembre de 1945 tendrían que esperar hasta 1969 para que se aceptara su sexualidad en Alemania.
Porque todavía hay 70 países en el mundo en el que estar con alguien de tu mismo sexo es un crimen, pero no hay ningún estado que criminalice la heterosexualidad.
Porque las principales religiones a nivel mundial no condenan la heterosexualidad, pero si la homosexualidad.
Porque un heterosexual nunca tendrá que salir del armario, nadie le dirá “que no se te note”, ni tendrá que ocultarlo.

Habrá mil porqués, o quizá más, estos son los míos.


A Murcia

Murcia, antes Mursiya, la tierra rica en yeso, corte del más poderoso de los Omeyas, es cuna del cante jondo, el que nace del alma. Para deleitar a Abderramán II, el gran músico Ziryab inventó en este lugar la quinta cuerda de la guitarra, haciendo posible para los siglos venideros el esplendor del llanto de acordes que enciende las puertas de la madrugada.

Su sucesor legendario rey Lobo transformó Murcia de capital de un reino de taifas en capital de todo el Levante. Por doquier hizo piedra sus sueños.
Los cristianos llegaron, pero la magia de los moros se quedó para siempre en las calles de los gremios: de la trapería, de la platería, de los vidrieros.
Las mezquitas dieron paso a las iglesias, pero los murcianos siguieron enamorando por las noches el llanto alegre de la guitarra.

Dicen que túneles secretos serpentean bajo el subsuelo y unen la catedral cristiana con el antiguo castillo árabe de Monteagudo, como si pudieran unir el pasado con el futuro. Un futuro alado, en el que un hijo de Murcia, Juan de la Cierva y Codorniú, nacido en 1895, llegaría a inventar el helicóptero.

El río Segura al que por aquí llaman el Reguerón y su afluente el Guadalentín traían el verdor, pero también el miedo a sus alegres riveras. Quizás por eso pronto lo ataron, le pusieron cauces que frenaron el ímpetu del agua y su ambición destructora.
Toda Murcia es una huerta feliz, ya decía Unamuno que esta era la ciudad más huertana de Europa, o quizás la huerta más urbana de Europa. Huele a huerta y la huerta huele al agua bendecida y temida.
Hija del verde y del agua, apacible como los frutos colmados crece el alma murciana feliz al calorcito de la tierra”. En palabras del escritor murciano Vicente Medina.

Reflexiones

No tengas miedo por empezar por lo más básico, a ser un principiante. Cuando los niños aprenden un idioma empiezan por cosas sencillas. Colores, números, frases fáciles. Si quieres empezar leyendo a Shakespeare te admiro por el esfuerzo, pero lo más probable es que te frustres y termines dejándolo. Sé consciente de tus limitaciones, levantar nuestra fuerza de voluntad es una tarea compleja. Pónselo fácil a tu cuerpo, si has reunido el valor para comenzar algo, aprender, leer, pintar, bailar no rompas ese maravilloso arranque si no es por una buena razón. Si el motor está en marcha viaja en tu coche, pero traza tu viaje. ¿Por qué has cogido este viaje y donde quieres ir? Quien consigue un porqué encontrará casi cualquier cómo.

Poesía de calendario

Pasó una hora. Dos. Y hasta tres. La lengua de la noche entra por mi ventana. Gélida y húmeda me saca una sonrisa. De color gris perla, tenue, tímida. Después de tanto tiempo nos hemos visto de nuevo. Amor, amor, amor. Amor querido. Después de tanto tiempo que no nos hemos visto y yo me he acordado de ti. Mucho tiempo, he estado pensando en ti. Amor, amor, amor perdido. Amor perdido, sé que nunca olvidaré lo que te he querido, que nunca olvidaré lo que nos hemos querido después de tanto tiempo, si quieres acordarte de mí. Pasó una hora. La lengua de la noche entra por mi ventana. Amor querido.

Resta

Aprendes a sumar, caminar, escribir, leer, conocer gente, conoces a Dios, el significado del yo, del tú, del nosotros, del ellos. Tienes amigos, viajas, amas. Conoces el miedo, la vergüenza, la valentía o el coraje.

Todo es una suma. Va pasando el tiempo, los años, en el mejor de los casos llega la madurez. Llega el silencio. Y en ese momento llega algo maravilloso. En el silencio se puede escuchar. Se descubre realmente al mundo. A Dios. A ti mismo. Es el silencio la otra operación matemática de la vida. La resta. El quitar, sustraer. Hostil, cruel, dolorosa, nos asusta, nos aterra porque nadie nos enseño a restar. Vivir de dentro hacia fuera, sacando las entrañas a los demás y cuando volteamos la vista al interior es tal el miedo, que cerramos de un portazo a la vida, a lo más profundo del sentir de alma misma.

La operación que nos devuelve a la vida, que nos de-vuelve a la vida, es la resta. Vinimos del no ser, surgimos de la no existencia, del vacío, y fuimos, aprendimos a ser. El vacío, el océano, el desierto nos vuelve al no ser del que surgimos, reducidos a la infinitésima potencia de nosotros mismos. En lo esencial, lo más básico, donde menos es más, abriendo hueco al ser, a la vida, a la verdadera vida. La obra materializada del silencio. Así es la simpleza de la resta.