Amor, temor y redes clientelares al servicio del Poder

El amor es caprichoso y quienes te han ensalzado un día te querrán ver caer, pero si hay algo más fuerte que la envidia del devaneo caprichoso de los afectos es el poder del temor. Si has acumulado un poder suficiente y este es legítimo y se ejerce con justicia, las envidias te verán como una torre inexpugnable a la que solo los necios intentarían retar, y aunque el temor del propio poder otorga ciertas garantías, las torres siempre son de cristal, el temor es como un globo, puede ser enorme pero basta una aguja para hacerlo desaparecer. Para conservar la torre no dejes que tus enemigos la toquen, descubrirán el truco y una única afrenta dará pie a cualquier otra, los castigos ejemplares hacen torres inexorables. Pero, hay un error en toda esta cadena lógica, como dirían los religiosos, en la persecución del mal uno se aleja un poco de Dios pagando un precio, y exactamente, los castigos ejemplares suscitan venganza, y la venganza hace a los hombres necios, enloquecer hasta tal punto que dejan de temer, la venganza deslegitimiza el poder, y no hay nada más vulnerable que un poder injusto y deslegitimizado. Por eso, son necesarias las redes clientelares, amigos que harán el trabajo sucio por un poco de tu poder. Pero ¿Qué pasa con los amigos?, ¿Son de fiar o, por el contrario, son como los enemigos a los que se debe tratar con precaución? Los amigos son, si cabe, más peligrosos, son lobos vestidos de corderos, por eso, tienen que estar muy cerca, son como las ramas de un árbol, quieren crecer a partir de un tronco, absorber la fuerza central, porque aspiran a ser algo más. Los amigos son como esos árboles de las selvas, algunas ramas generan lianas o raíces, una vez se han anclado al suelo, tienen sus propios nutrientes, y de nada les sirve el tronco principal, una ligera brisa o un golpe bastan para separar la rama de su tronco. Procura que tus redes clientelares no echen raíces, que dependan de tu poder, mantén tu poder como necesario, su poder emana del tuyo.

Marguerite

Primera parte: La joven de la ventana
Segunda parte: El hombre del sombrero

Vano dolor, desdenes de palabras quebradas, cristales rotos que a roca precipitan como hojas de plata al suelo, deseos de una historia que bajo marca de fuego forja un comienzo iluso. Sin apenas un segundo de deliberación, no hay consuelo para aquellos que en el tintineo de un candil derraman lágrimas de amarga desdicha e irritación. Fue renacer entre habladurías el criterio propio.

Marguerite esperaba fuera, había entornado la puerta, ponía sus manos rozando ligeramente sus labios, blancas manos de arpa la señalan cómplice de una vida esclava. Marguerite saca de su bolsillo una caja envuelta en un pañuelo. Traga una de sus pastillas. Siente como se desliza por su garganta. El amor es una inconsistencia se dice ella. Le gusta deslizar su mano izquierda por su cuello, su garganta hasta llegar a su escote, su pecho. Aprieta fuerte y coge su camisa con fuerza. El amor es una inconsistencia, sólo aquello que es puramente inalcanzable repele a la razón y atormenta al alma.

Marguerite vuelve dentro, coge la llave en la mesa, quedan dos días por delante hasta el lunes que tenga que volver. Le gusta dar una ojeada cuando todo está en calma, ordenado. Se queda unos minutos mirando a través del escaparate la calle, como las gotas lamen los cristales y los negros adoquines. Se pone su gabardina y el gorro de la mesa. Baja la persiana. Un sentimiento agridulce le abate siempre que los viernes es la última en volver a casa. Veintiún minutos. Turbia noche de neblina tul. Marguerite odia los paraguas y prefiere salir sin él, camina por los soportales con el único rumor de sus zapatos contra el suelo. El goteo incesante empapa cada calle, cada tejado, cada hueso en la ciudad. Escucha como es costumbre cada viernes para llegar a casa el golpeo de las cuatro campanadas que le recuerdan la hora. Acelera el paso. Casi está llegando a casa. Un hombre con sombrero camina por la plaza. No puede evitar sentirse nerviosa. Camina un poco más rápido, sin parecer desesperada. Le quedan muy pocos pasos para llegar a la puerta. Intenta sacar las llaves del bolso pero no las encuentra. Rebusca en él cada vez más nerviosa, como un torrente desatado al pánico. Siente aproximarse algo detrás. Encuentra la llave y forcejeando con la cerradura para abrirla caen al suelo, en un segundo intento más afortunado consigue entrar. Cierra inmediatamente y exhala el aire contenido. Golpean la puerta varias veces. Marguerite se da la vuelta, aterrada no puede dar ni un paso, se le han bloqueado las piernas. Alguien al otro lado forcejea el pomo de la puerta. La puerta comienza a abrirse en una oscuridad azul. Contra la pared Marguerite al final del recibidor colapsada por el pánico no puede dar ni un paso. La puerta se abre del todo y solo puede ver la silueta de quien camuflado entre la noche se dispone a entrar.

Status Quo

¿Cuál es vuestro estado de felicidad?

Gracias a esta afirmación empecé a darme cuenta de que realmente las cosas me van realmente bien, no era el primer momento en que esta realidad asomaba después de mucho tiempo. La primera vez fue en la Estación de Madrid, Atocha, después de varios viajes algo ajetreados me di cuenta de que tenía muy poco tiempo para escribir, y comencé a pensar que cuando más escribo es cuando algo me preocupa, estoy triste y necesito liberarme, pero con mi maleta en la mano, mirando más allá de los cristales, caí en la cuenta, casi sin reparar demasiado en ello que era feliz.
Muchos me dirán, entonces si ahora eres feliz, ¿Eso significa que antes no lo eras?, La verdad es que llevaba mucho tiempo sin ser feliz, alrededor de mis 16 años algo fue ennegreciéndose dentro de mí, si que tenía mis inquietudes, me reía con mis amigos, salía, me lo pasaba bien, estudiaba, hacía muchas cosas, pero ser feliz es algo más que todo eso, había perdido, en parte, el sentido de mi vida.
Terminé bachiller y esa piedrecita me fue acompañando, seguí los estudios sin tener claro realmente que estaba haciendo con mi vida, por qué estaba aquí, cuál era el propósito de que yo estuviera allí, es duro levantarte cada día con ese lastre, con ese ente que te encadena a una realidad mísera, oscura, llena de sombras. No renuncié nunca a encontrar un propósito, a saber convivir con una piedra que aunque nadie me lo dijo intuí que debía dejarla en alguna parte. Hoy todavía llevo esta piedrecita que aunque aún me pesa sé que la dejaré en alguna parte del camino para quien venga detrás de mí sepa que rendirse en la vida no es una opción, que todo tiene su recompensa.
El camino no es fácil y menos para aquellos que tienen en la cabeza algo más que madera, para la gente que se pregunta el porqué de las cosas, a ellos les espera un mundo muy duro, es solo la primera parte, tomar consciencia del “yo” es algo que no todo el mundo quiere o puede asumir, es solo la primera parte para ser libre, cuando llega la libertad generalmente se cae en el pesimismo, si se sigue, apartando los obstáculos se llega a la luz y uno puede ser feliz aunque existan tantas cosas que no nos gusten, que no podamos cambiar o nos hagan daño.

En el verano volví a enfrentarme a mis miedos y esa lucha me dejó un poco resentido, pero en cuanto comencé la Universidad en la especialidad de Economía y Política descubrí un mundo que jamás imaginé, disfruto de la implicación social, ética, filosófica, económica, política, biológica y así con un sin fin desde otro punto de vista, algo que nunca me habían explicado, donde puedo desarrollar mis capacidades sin que me corten las alas, donde puedo pensar libremente, donde puedo ser yo y progresar como individuo, como ingeniero y como persona. De todos mis años de colegio, instituto, bachiller, universidad y máster, es la primera vez  que siento que todo mi potencial tiene cabida y se desarrolla sin barreras.
También han cambiado muchas cosas y obviamente todo influye, el haber encontrado el sentido a mi vida, el haber roto las cadenas del miedo y desprenderme de la toxicidad que tenía y las relaciones tóxicas me ha hecho crecer, pero sobre todo volar.

Reflexiones

Aciago el mundo que nos toca, donde las armas en los países “desarrollados”, junto a las guerras y los fusilamientos los vemos como algo lejano y de otras regiones del mundo. Pero en realidad, solo una metamorfosis ha cambiado su forma, y ésta, los camufla ante nuestros ojos, ante nuestra sociedad, instituciones, calles y ciudades, lo que los hace aún más peligrosos, fusiles que son las manos de los hombres, y las balas, las mentes envenenadas de aquellos que bajo el yugo de la sin razón aniquilan toda esperanza, toda democracia, toda libertad y bondad del mundo.

Ante esta violencia, predadora y convulsa de opresión intelectual, la voracidad de la idea ante la idea del propio pueblo oprimiéndose a sí mismo, se instala el pesimismo. La naturaleza humana puede concurrir de muchas formas y tiene presentaciones desastrosas. Cuando la dejamos aflorar en su parte perversa, y ciertamente la tiene, la vergüenza para la humanidad se instala como pesimismo respecto a lo que somos capaces de hacer o no hacer.

Reflexiones

El mundo es predador y banal, no por el poder del lobo sino por la indiferencia e ignorancia de la oveja

English

The world is predator and banal, not for the power of the wolf but for the indifference and ignorance of the lamb

Italiano

El mondo è predatore e banale, non per il potere del lupo, bensi l’indifferenza e l’ignoranza della pecora