Amaneció gris acendrado

Sin pinceles, sin paleta, sin papel ni lápiz se dibujó un día cualquiera. De murmullo azul marino a estruendos de espuma. Emprenden el vuelo blancas palomas. Aleteos de perfume fundidos con el aire. Inmóvil. El tiempo pasa. Supongo que vivir también implica olvidar y dejar pasar para hacer hueco a lo que nos depara la vida.

En su transcurso el sol roza el horizonte proyectando sombras misteriosas. Un joven se lanza. Precipicio. Acantilado de negras rocas empapadas por el Danubio. Tinieblas en un instante. El sol se ha consumido por un grito sonoro. Ese momento en el que te ves a ti mismo en el pasado, en un recuerdo, y te ves como te proyectas al oscuro abismo.

Un pálpito helado congela una fracción de segundo haciéndolo eterno. Una idea que quiso poner el quiero al servicio del puedo. Al borde, queriendo vislumbrar el punto y final de su historia escrita hacia el polvo de la muerte se produce un estallido de luz. Acuarela de brillos. Una bandada de cerúleas mariposas explota el cuerpo del joven. Un baño de luz. Miles de lepidópteros en vuelo se pierden lejos. Muy lejos. Arriesgar por una decisión, una idea, pero te das cuenta de que la historia, casi siempre, al menos en mi caso salió bien, que nos cuesta dar el paso para arriesgar, lo vemos como un pozo sin fondo pero cuando te lanzas, cuando parece que las rocas están a punto de cortarte la piel, hay una explosión de luz y consigues salir airoso de esa experiencia a la que llamamos vida que no queda otra que vivirla.

Me miré a los ojos, donde nunca me supe mentir y en un impulso desmedido antes de que saliera el sol reescribí encima de todos los versos, aceptamos el amor que creemos merecer, no quiero versos que me sepan a poco.
Poco después me volví a mirar y me dije, carga tú con la culpa que a mí ya me da pereza y así acaba un día cualquiera de azul serendepia cuando amaneció gris acendrado. Entre las luces de las calles de una ciudad me perdí para encontrarme, rincones que prometían aventuras. Junto a mi compañera volamos, compañera de viaje, cuántas risas, cuántos enfados, pero unidos, sí, unidos, inseparables, cómplices, una risa que suena a mía salida de otros labios. Nos conocemos de toda la vida, quién diría que somos hermanos y cada día descubro algo nuevo, toda la vida llevamos conociéndonos. Algo de ti me empujó aquel día a dar un paso más lejos, un susurro en tus ojos, en una mueca de consentimiento y a dar el paso para ser valiente, “venga, arriésgate, éste es tu momento” me dijiste mas no con palabras. Caminamos hasta quedarnos agotados en una carrera sin destino, o al menos, nosotros no lo conocíamos, recorrimos cada tramo, cada piedra, para descubrir juntos, cada brisa de historia que tuviera que ser contada. No me creerás cuando te digo que hay gente que olvida un año pasado cuando cumple el siguiente y sé que algún día todo esto serán anécdotas, que nuestras fotos se volverán viejos recuerdos pero ahora mismo, estos momentos no son anécdotas, están pasando, estoy aquí y lo estoy viviendo, porque la vida tiene algo de maravillosa. Es en ese momento cuando te das cuenta de que estás vivo, te pones de pie, ves lo que te hace sentir y todo lo que hace que te asombres, escuchas, te dejas llevar y en ese instante sientes que somos infinitos.

Aquí se separan nuestras historias, tú a Nitra, yo a Viena. Entre las calles de Bratislava me perdí y desperté entre farolas de otra muy distinta, calles pavimentadas de cultura. Atraído por unas palabras que sonaban a entrega, palabras que me convencieran para hacer lo que nunca hice, que me convencieran para soñar lo que nunca soñé. Me atreví a mezclar los licores del cuerpo con los del alma en un juego que solo dos cuerpos se saben, en deseos de soplar el candil para confesar lo prohibido.

Un viaje entre luces y sombras para conocer Viena, dejándome llevar, cogido de una mano cándida, hasta un número de la Schüttaustraße donde la casualidad del libre albedrío o una milimétrica providencia hicieron el resto. Dos hilos se cruzan y se separan durando algo que parece imperceptible en una vida, pero dejan una marca, no sé si amarga, mas seguro que de recuerdo.

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