El olor de la noche

Cielo opaco de mirada oscura, ni un astro, ni una luz tintineante; el frío de la luz de Morfeo, el frío gélido del candil de una noche anodina.
Seis de junio y quizás una noche cualquiera, pero con ese aroma de recuerdo, con ese que por breve seguía siendo una bella reminiscencia.
Era una noche donde brillaba el Sol, un Sol que no todo el mundo ve, era un Sol que más que verse, se sentía en el fondo del pecho.
Pronto marcharíamos a otro lugar y parece, que sólo en los momentos en que la mente descansa, llegan los recuerdos futuros y pasados, de hoy y de mañana, de nunca, de siempre y de tal vez y quizás.
Dentro de poco me marcho, dentro de poco esta callejuela que contemplo cada noche desde mi terraza, será un recuerdo; pero espero que cada noche, sea aquí o sobre las farolas de Madrid, en la ventana de un hotel de Atenas o de uno en Poitou, quiero llevarme ese sentimiento, ese aroma que me inunda, ese olor de la noche.

Un pensamiento en “El olor de la noche

  1. Preciosooo preciosoo!!
    las palabras sobran cuando expresan exactamente el sentimiento mutuo.. qué decirte G, qué decirte!!
    aún me sorprende el giro inesperado de la vida…
    yo también estaré en ese balcón de Atenas, en Madrid, o en el Sol que nace en el pecho…
    donde estés, yo también estaré
    besos y cuídate, te quiero un montónn! =D

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