Melifluo

Noche de plutonio te he increpado, el no sentirme más viajero, de todas esas mañanas de enero, donde te he buscado sin fin. Quizá sonámbulo, quizá medio dormido, he seguido ese camino impuesto, paso a paso, huella a huella, arrastrado por la coacción de mis propias ideas. Un traspié en la tierra del imprevisto, atropellado y como absorto, he intercambiado miradas con el ceño fruncido de sonrisa erguida, mas mi final acaba, devastado y de bruces, a tres cruces, una en la garganta, nada más. Tenue, casi imperceptible, un arrollo untado del centelleo blanco de la luna, arrancado de las entrañas de la tierra, sangre que brota de un dragón en tardes de ocaso dormido. Azur, desvanecida, una luz de estrellas que se arrancan la piel en un duelo ante el riel de vapor de sodio.

Mas paré, y otra vez volví a increpar, noche de plutonio, tú que me tenías medio dormido, tú que me devoras las entrañas, arráncame con calma en el camino del sopor, aguas de sus azarbes, aguas que encuentran ninfas de ova entre sus cañizos, y jazmín de sultanas, y perfumes prisioneros de miles de flores. Ante efluvios de la noche se despeina el alma, inhiesta hiedra que por la palmera trepas, se deshace, tenue, casi imperceptible, un susurro hacia la esfera de plata que corona el cielo.

Tan temprano madrugó la madrugada

En un julio cálido abrió la madrugada las puertas para darte la bienvenida. Tranquila, tomada de la mano te fuiste desde la tierra huertana con tu maleta, soplo de aire cargado de recuerdo.
La noticia me arranca un consuelo de golpe helado, un arrebato convertido en alivio de impotencia lacerante. Serenidad aguda. Una evocación se evapora, diluye, de lo que es hoy, ahora, una cáscara vacía. Tierra desmembrada en islas. Colapso de un oxímoron viviente destroza mi cuerpo en un silencio.
Ese beso en la mejilla que entrega tu tiempo. Lento. Más lento. Tu vida, reproducida a cámara lenta. Cada día. Cada hora. Cada segundo. Un péndulo silencioso. Apacible. Delicado. Una marca de lapsos temporales cada vez más extensos. Verte andar, relajada, disfrutando de la brisa del camino, espuma de mar. Sol. Luna. Oscuridad. Un fin prolongado en el tiempo. 6:21 de un jueves 13 de julio de 2017. Te lo llevas todo.
Calla. Mantente en silencio. Abre tus ojos y seca tus lágrimas. Saben a mar. No es mi marcha una interrogación, soy una respuesta viva. Mira mis ojos, mi sonrisa ¿Hay dolor?, ¿Hay miedo? Me he entregado a un viaje preparado cada día para partir. En este viaje no hay maleta, este viaje se hace, desnudo, solo con el corazón levantado. Alto. Muy alto.

Marguerite

Primera parte: La joven de la ventana
Segunda parte: El hombre del sombrero

Vano dolor, desdenes de palabras quebradas, cristales rotos que a roca precipitan como hojas de plata al suelo, deseos de una historia que bajo marca de fuego forja un comienzo iluso. Sin apenas un segundo de deliberación, no hay consuelo para aquellos que en el tintineo de un candil derraman lágrimas de amarga desdicha e irritación. Fue renacer entre habladurías el criterio propio.

Marguerite esperaba fuera, había entornado la puerta, ponía sus manos rozando ligeramente sus labios, blancas manos de arpa la señalan cómplice de una vida esclava. Marguerite saca de su bolsillo una caja envuelta en un pañuelo. Traga una de sus pastillas. Siente como se desliza por su garganta. El amor es una inconsistencia se dice ella. Le gusta deslizar su mano izquierda por su cuello, su garganta hasta llegar a su escote, su pecho. Aprieta fuerte y coge su camisa con fuerza. El amor es una inconsistencia, sólo aquello que es puramente inalcanzable repele a la razón y atormenta al alma.

Marguerite vuelve dentro, coge la llave en la mesa, quedan dos días por delante hasta el lunes que tenga que volver. Le gusta dar una ojeada cuando todo está en calma, ordenado. Se queda unos minutos mirando a través del escaparate la calle, como las gotas lamen los cristales y los negros adoquines. Se pone su gabardina y el gorro de la mesa. Baja la persiana. Un sentimiento agridulce le abate siempre que los viernes es la última en volver a casa. Veintiún minutos. Turbia noche de neblina tul. Marguerite odia los paraguas y prefiere salir sin él, camina por los soportales con el único rumor de sus zapatos contra el suelo. El goteo incesante empapa cada calle, cada tejado, cada hueso en la ciudad. Escucha como es costumbre cada viernes para llegar a casa el golpeo de las cuatro campanadas que le recuerdan la hora. Acelera el paso. Casi está llegando a casa. Un hombre con sombrero camina por la plaza. No puede evitar sentirse nerviosa. Camina un poco más rápido, sin parecer desesperada. Le quedan muy pocos pasos para llegar a la puerta. Intenta sacar las llaves del bolso pero no las encuentra. Rebusca en él cada vez más nerviosa, como un torrente desatado al pánico. Siente aproximarse algo detrás. Encuentra la llave y forcejeando con la cerradura para abrirla caen al suelo, en un segundo intento más afortunado consigue entrar. Cierra inmediatamente y exhala el aire contenido. Golpean la puerta varias veces. Marguerite se da la vuelta, aterrada no puede dar ni un paso, se le han bloqueado las piernas. Alguien al otro lado forcejea el pomo de la puerta. La puerta comienza a abrirse en una oscuridad azul. Contra la pared Marguerite al final del recibidor colapsada por el pánico no puede dar ni un paso. La puerta se abre del todo y solo puede ver la silueta de quien camuflado entre la noche se dispone a entrar.

Reflexiones

Me gusta la época en la que se valoraba a la gente por sus cicatrices, sus marcas, las heridas de guerra. Hoy se admira a quienes no tienen ni un rasguño, bañados en perfume de operaciones estéticas en vías de una juventud eterna.
Me gusta aquella época en que se valoraba a la gente por las cicatrices de la experiencia, por las arrugas de haber llorado, reído y amado y por las marcas de la vida.
Espero que algún día llegue el día en que el mundo valore más las huellas de haber vivido que permanecer intacto sin haber vivido nunca.

Italiano

Mi piace il tempo in che si aveva caro alla gente per i suoi cicatrici, le marche, le ferite di guerra. Oggi si ammira a chi non ha ne un graffio, bagnati in profumo di operazioni estetiche nella via di una perenne giovinezza.
Mi piace quel tempo in che si aveva caro alla gente per i cicatrici dell’esperienza, per le rughe di avere pianto, riso ed amato e per le marche della vita.
Spero che alcun giorno verrà il giorno in cui il mondo avia caro più l’impronte di vivere invece di rimanere intatto senza avere vissuto mai.

Alguien que se fue

[…] Voy a contarte todo lo que nunca te conté, voy a hacer todo más sencillo y voy a ahorrarte otro disgusto más. Yo sé que todo tiene solución, que esto es cuestión de verlo medio lleno, que a veces no tenemos otra opción, lo mejor es decidir si aún nos tenemos.

Uno de los dos decidió que era mejor no seguir, supongo que esta historia es de superar cuando alguien se marcha; que mi vida sigue hacia delante, que es ahora cuando empiezo a levantarme porque seguir sentado solo me hacía daño.
Ya ha pasado casi un año, veo las cosas con más perspectiva, pero tampoco demasiada, hay cosas que me confunden, que solo aturden un rumbo que he tomado por intuición. Voy a decir adiós a mi vida, antes o después tendré que romper con ella, no sé que me espera después de esto, creo que no soy consciente de todo lo que me aguarda, aún así, no tengo miedo.
Mis recuerdos se desvanecen, también los que viví contigo, los que pasamos juntos en mi cama tirada en el suelo, te he echado mucho de menos, no sabes cuánto, aún te sigo echando de menos, quiero jurarme que no tanto, no te lo mereces.
A mi llegada a México me di cuenta que toda mi vida había cambiado, que nada volverá a ser como antes, que es cuestión de tiempo que el agua rompa la presa; no sé porque me acordé de ti, ¿tonto verdad?, me acordé de lo que pensábamos, un viaje juntos, un viaje con el amor de tu vida. Lo peor ha sido regresar a España pero cuando vuelva, será mi adiós definitivo.
Hoy no estás conmigo, eso ya lo sé, pero me gustaba creer que tú me querías, que yo te quería, una ilusión que aún mantengo en silencio, me gusta recordar todo lo que te he querido, quiero mantener tu recuerdo, pero solo me hace daño, me hace daño recordar tu pelo, recordar tus ojos, recordarnos dormidos, me hacen daños tus besos, me envenenan de melancolía.
No quiero seguir enfermando en un silencio que guardo en mi piel, no quiero jugar a ese juego de los excesos y las faltas, quiero salir a la calle, y ver esa sonrisa de enero que me invitaba a emprender una aventura para toda la vida, romper con la banalidad de las cosas, la banalidad de mi mundo, dejar atrás la sombra tenue de nuestro pasado. Déjame ir, hay algo que todos llevamos dentro, que algunos dejan florecer, otros morir. Déjame ver la verdad en las cosas inmerso en una sociedad frívola e hipócrita pero no me pidas que vuelva a nuestras miradas que se encontraron y llevan toda una vida perdidas, no me recuerdes cuántos labios no se habrían encontrado si en el amor no existiese algo de locura, no me retengas en este sonoro silencio, en esta poesía callada, no quiero contener más palabras tras los labios. No voy a desvanecer piel a piel ni una caricia más, cerraré las cristaleras abiertas al deseo de lo irrealizable, solo es cuestión de mirar más lejos porque no voy a arrancar ni una lágrimas más al alma, ni en una tarde de invierno ni en una soledad azul de recuerdos, esta vez el soplido será de color, y con el mar no voy a echar de menos ninguna parte, ningún lugar, ningún tiempo.

Mi historia se acaba aquí o quizá solo acabe de empezar…

Reflexiones

La pornografía es un diálogo piel a piel perpetuado en el tiempo

Català

La pornografia és un diàleg pell a pell perpetuat en el temps

English

The pornography is a dialogue skin to skin, frozen in time

Italiano

La pornografia è un dialogo pelle a pelle perpetuato nel tempo

Français

La pornographie est un dialogue peau à peau suspendu dans le temps