Madrugadas de septiembre

Son las 2 de la mañana, me llevas alto, muy alto, siento como me abrazas por la espalda, no veo tu cara, solo te siento, siento que estás conmigo y eso me da seguridad. Nos vimos por primera vez una noche lluviosa después de un viaje a Madrid y nunca imaginé que tu sonrisa me acompañaría 7 meses, 10 días, 17 horas y 36 minutos hasta quebrarse en ese nudo en la garganta que me sigue ahogando hasta dejarme sin aliento.

Son las 3 de la mañana, me caigo en un océano oscuro, con las manos a tientas busco en vano nadar para no hundirme. Empapado en sudor despierto. A cada paso miré atrás esperando que estuvieras detrás de mí, para decirme, olvídalo todo, para, vamos a hablar. Tomé el metro en Mediterrani, la parada más cercana a su casa sintiendo como se hundían todos nuestros planes juntos, nuestras niñas etíopes, nuestra casa estilo andalusí por la que discutiríamos como diseñarla, cuantos viajes dejaríamos de hacer juntos… y el martilleo de miles de recuerdos, de cada beso, cada abrazo, cada noche que hemos dormido juntos piel a piel, cada tontería para hacerte reír como si fuéramos niños y las infusiones en el sofá viendo pasarela a la fama con esos filetes de carne con queso, aceite y rúcula. Somos muy diferentes, lo supimos al poco de conocernos, pasaste muchas cosas a mi lado, algunas muy duras y difíciles, y aún así permaneciste conmigo. Siento que me han arrancado algo, que ya no estarás conmigo, que nuestros destinos se alejan y lo que fue nuestro se queda en un recuerdo que es arena en mis manos. Te voy a echar mucho, mucho de menos mi ardilla, y me gustaría tenerte toda la vida a mi lado, de una forma u otra, pero sé que es injusto pedirte eso. Lo que más me duele es perderte por nuestras diferencias pero nadie nos podrá echar en cara que no lo intentamos, que no nos amamos, que fue corto el amor mas no lo será el olvido.

Son las 4 de la mañana, he dado mil vueltas en la cama con mis entrañas encogidas esperando olvidar. Esperé todo lo que pude en l’Estació del Nord deseando verte para que me dijeras que no cogiera ese tren. Fui un iluso, esto solo pasa en las películas. Casi sin darme cuenta te fuiste haciendo un hueco en mi corazón, en mi vida, en mi camino y me ayudaste a caminar.

Son las 5 de la mañana. Mi tren está a punto de salir, esperando un grito entre la gente que me quite el nudo de la garganta. A cada paso una mirada atrás, buscado lo que nunca encontré. Subí al tren y miré atrás hasta que la puerta se cerró. Me mantuve en ella, miré y miré, pero no encontré nada cuando la máquina se puso en marcha, cuando aquella máquina me alejaba cada vez más de otro posible desenlace. Dije adiós a Valencia y cerré los ojos. Te pierdo en esa noche lluviosa, pasas de largo con tu paraguas y nunca nos hubiéramos conocido.

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