Sentimiento trágico de la vida

Hay dos tipos de personas: los que temen a la muerte y los que no. Yo soy de los segundos. He participado de la muerte, del no existir, del desaparecer, he querido morir, he muerto muchas veces, por eso no temo a la muerte, a mi propia muerte, a imaginar mi propia muerte.
Siempre he sido libre porque no tengo miedo a la muerte, es ella quien me teme. Desde la oscuridad la observo como una bestia acechando su presa, esperando con sigilo, desde la sombra, a saltar sobre ella.
Mi confesión de muerte es mi testimonio de vida, a no ver en la muerte mi condena sino un premio ansiado, un regalo de la propia existencia al propio ser.
Aquí espero el mármol que no leeré en el que ya están escritos fecha, ciudad y epitafio.

Delirios

Ante las tinieblas a las que se avoca mi país soy incapaz de permanecer impasible. Callar a veces equivale a mentir y es ahora cuando la palabra toma su mayor valor para que mi silencio no sea interpretado como aquiescencia.

Un día oscuro para España porque hoy es el día del fracaso de la política, el diálogo y la razón. La preocupación deja paso al miedo y la desesperanza. Una nación gloriosa que no debe olvidar su sustrato, la conciliación del dolor de una España arrullada por la guerra, el hambre y la miseria.

No quiero ver a mi nación consumida por las llamas del odio, prefiero que siga siendo una historia terrible pero superada del pasado de este país.

Guerra de trincheras en donde el pueblo se lanza a pecho descubierto, un pueblo embelesado por palabras de rabia de quienes no conocen las secuelas de la guerra.

Es ahora cuando más importancia tiene hacer verdadera política y donde la propia clase intelectual tiene que volver a dotar de coherencia los discursos pronunciados. Apelo también a la humanidad de cada español que ante el sufrimiento ajeno ha tendido siempre la mano, a dado su pan aún a renuncia del propio y que se caracteriza por su empatía.

Que la súplica de la razón llegue para interponerse ante las palabras envenenadas de la mala política. Hay que tener optimismo y no dejarse arrastrar por el miedo, es hora de ser valientes, de acercar posturas, ser moderados, aprender a escuchar y solo así vencerá el diálogo.

La piedad siempre será mejor que la violencia, la compasión siempre será mejor que el grito y porque hay mucho más que nos une que nos separa.

El correo, el make up del dominio y hosting

No suelo publicar este tipo de entradas, normalmente escribo más sobre literatura, filosofía, historias de mi vida personal pero como algunas personas me preguntaron y esto no deja de ser una historia de mi vida me voy a lanzar a por ello.

El correo es una parte muy importante para tu imagen de cara a constituirte como empresa, autónomo e incluso buscar trabajo. Tener un correo con una extensión propia, como por ejemplo pedro@perez.com, ofrece una imagen personal diferenciadora y hoy en día marcar la diferencia puede suponer que un cliente acepte o no tus servicios o bienes que ofreces.

Aparentemente es algo muy sencillo e incluso podríamos decir que tonto. Tener nuestra extensión típica de @gmail.com, @hotmail.com, @microsoft.com, no nos perjudica a la hora de trabajar. Sin embargo, cuando una empresa te da su correo ¿Por qué no tiene la extensión típica que ofrecen los servidores de correos? Las empresas grandes tienen dominio y hosting. Para no enrollarnos el “dominio” es un nombre y el “hosting” es donde guardarlo.

Tener una extensión por defecto o una propia funcionalmente no nos mejora o perjudica a la hora de trabajar… ¿O quizá sí?. Tener un correo personalizado implica primero que has necesitado comerte la cabeza para pensar un nombre y poner en el asador toda tu creatividad para seleccionar el mejor nombre, de tu empresa, tu perro, tu ciudad o posiblemente tus apellidos. Además, como mínimo tendrás que saber qué es un dominio y comprarlo. Para la mayoría de los mortales esto del dominio ya empieza a dar dolor de cabeza y precisamente es lo que te hace diferenciarte, no es que vayas a ser un hacker por tener tu propio dominio pero al principio si eres lego en la materia te hace sentirte como si lo fueras.

En segundo lugar aunque no en todos los casos tendrás un hosting para albergar ese dominio. En mi caso es donde está mi página web y, por tanto, también mi dominio. No obstante, las cuentas de correo también hacen de hosting para tus correos y contenido que recibas.

¡Espera!, esto no es un camino de rosas, tener un dominio, un hosting y una cuenta personalizada de correo cuesta dinero, dependiendo del país, el tiempo, la cantidad de usuarios, incluso la actividad. Por tanto, piénsatelo bien antes de lanzarte y hacerlo. Encamina tu actividad, piensa a largo plazo y planifica, y entonces, y solo entonces, da el paso porque puede ser el empujón que te haga falta para mejorar tu imagen.

A mis compañeros de COMPO EXPERT

Dejaré ahora que las palabras cuestan que Antonio Machado hable, en parte, por mí y que de sus palabras rescate el camino como concepto del gran viaje, de toda la vida consumida, la que se ha quedado atrás.

Como él, yo hoy también reivindico ese camino como presente, recordando mi pasado pero evitando que me obsesione, ni tampoco el futuro, es la hora de marcar mi destino.

Soy dueño una vez más de ese presente mío, el pasado es recuerdo y el futuro ilusión.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

De vuestras sonrisas hice mi posada y ahora que como peregrino desempolvo de nuevo mis zapatos espero haber dejado en vuestra memoria mi canción.

Un fuerte abrazo, nos vemos en el camino.

Recital poético/literario de Almería

Me gustaría compartir con ustedes 3 de mis relatos cortos, el primero “Me soñé con alas para poder volar muy lejos”, el segundo “Silencio” y el tercero un fragmento de “La sombra del Coloso”. Quiero tomar unos segundos, al empezar cada uno de ellos, para contextualizar porque a veces es importante para comprender su significado.

Me soñé con alas para poder volar muy lejos
20 de enero de 2011

Es de mis relatos cortos al que considero mi prosa poética más pura, lo escribí el 20 de enero de 2011 cuando tenía 18 años, empezaba a vivir en Cartagena, sería una estancia de 4 años, lleno de ilusiones, de esperanzas, de sueños y amores. Pero también lleno de rabia, odio y frustraciones propias de la edad. Vitalidad y melancolía todavía son dos características que me acompañan.

¿Quién era aquella que te amó en el sueño mientras dormías? ¿Cuándo volverá este aliento de recuerdo amargo a tus labios? ¿Dónde está el calor tan cercano que se deposita en un rincón de la cama?

Luces de septiembre, y tan triste, que ignorando que existe la luz en la calle vuelas a un horizonte lejano; te pierdes entre suspiro y suspiro, un instante hecho verso, pues te queda tanto por delante. Tus ojos no lo ven pero tu corazón lo siente, en el fondo, en el pecho, un palpitar que no cesa, intenso, profundo, que se sale para exclamar, y exclama que no se pueden poner puertas al campo, que los caminos llevan a lugares insospechados, que por lejos que esté, la vida grita, grita y grita sin control.

Me encuentro libre, me encuentro dueño, soy, soy y soy, porque estoy lleno, lleno de una inmensidad que me abruma a la que recibo con los brazos abiertos. Compañera, compañera, cuéntame y déjame que te cuente, pues tenemos que hablar de muchas cosas, la otra noche, el otro día, me soñé, me soñé con alas para poder volar muy lejos, y… y el mar me llenaba, me fundía con sus olas, me integraba en un perfume salitre para convertirnos en uno, para decir jamás y nunca y para exclamar: siempre.

Para siempre fue perderte, compañera, que tenemos que hablar de muchas cosas, compañera del alma, que los libros vuelan errantes en el cielo, y sus saberes, y sus letras, y sus poemas, y sus versos eran tristes con la lluvia empapando sus lamentos, pero nada fue tan triste como volver, volver a aquel recuerdo anodino, de aquella ciudad, de aquel mundo, de aquel cielo y tiempo que siempre me recuerdan:

¿Quién era aquella que te amó en el sueño mientras dormías?

Hoy no lo sé, hoy me he marchado, hoy he olvidado este recuerdo que, por bello, no es de mi agrado, porque, la otra noche, la de septiembre de hace años, me soñé, me soñé con alas para volar muy lejos.

Silencio
31 de enero de 2019

El segundo relato que quiero compartir es “Silencio”, una inspiración y tributo a María Cegarra Salcedo, unionense, apasionada de letras y ciencias que me ha dejado uno de los regalos más bellos, el valor del silencio. Llevaba poco tiempo en Barcelona, y cuando llegas a un sitio, yo siempre pongo en una balanza lo que dejo atrás y lo nuevo. Este fue uno de esos momentos.

He perdido hasta el silencio. He perdido hasta ese silencio tan repleto. ¿Para qué los sonidos, lenguajes, voces si tan solo quiero silencio?

Un camino desbordado, atropellado, rebosante, un abrir y cerrar de puertas. Estremecido por un pitido intermitente y un suspiro mecánico siento como fuerzas me empujan sin pretensión alguna.

He perdido hasta el silencio, mi poema de ausencias, el grito sordo de la noche en el túnel. Acércate a mí, viento que mi impaciencia sosiega. Alguna vez vinieron mas se marchan, acércate, aquí, pues he perdido mi silencio.

Fragmento de La Sombra del Coloso
17 de octubre de 2018

La última, un fragmento de “La sombra del Coloso”, una aventura temática y estilística, donde cuidé cada detalle, cada palabra, revisión tras revisión de mi forma de escribir, de sentir, de interpretar sentimientos, imágenes y vivencias para plasmarlas sobre el papel.
Varios meses de trabajo meticuloso, incluso hasta la extenuación que me hizo llevarme más allá de mi límite y capacidad.

[…] Dos Españas me han amado y ¡Cuanto amar han derramado que el perdón aún no ha surgido!, ninguna de las dos encuentra alivio, y yo, viajero de estas almas, que yacen aquí heridas, suspiro, como coloso de la sombra, atenazado al suelo.

Perseguido un hombre por un gigante sin rostro le dio caza, un estallido le atraviesa el cuerpo y cae a mis pies dando un golpe seco contra el suelo por único sonido. El gigante se desvanece y se pierde entre el río. Lo contemplé como inmóvil se ataba a la tierra, como yo en algún tiempo también lo hice.

Después de cien noches de luna un manto de silencio camina lento sobre él, lo arropa del frío de la noche. No vinieron a buscarlo, quizá nadie recuerda el cuerpo de aquel caído, por el tiempo, el agua y el sol enverdecido.

Sobre las amapolas de su camisa blanca hoy raída, se posaron miles de luciérnagas, cientos de miles de luces verdes y amarillas como un destello intermitente de magia y misterio. Un hechizo de los rumores de la noche, entre grillos y sierpes que entre las sombras se ocultan y de sus formas solo se reconoce el sonido.

En mi sombra, su cadáver, víctima de una mole, de un gigante envilecido, allí sigue, pero de su boca brota un vapor de vida, la verde luz de la aurora, el amanecer de una nueva época alimentado por entrañas y sangre del macilento torso. Un nuevo brote de vida, sano y erguido, que es luz en mi penumbra, destellos de plata, suave y tersa madera joven.

Ya no reconozco aquel hombre que un día estuvo tendido en el suelo, solo veo un compañero de mi misma sangre, de mi misma piel que se alza al cielo con sus ramas. […]

El control

Somos finitos, tenemos un principio y un fin, efímero, fugaz, y es en esa consciencia del momento finito de nuestra existencia, de nuestro mundo, cuando comienza el control, la previsión y la planificación.

Mi vida fluye, como el agua se escurre si no tiene un contenedor, el control es como una tubería para esa agua, el canal que dirige, forja el camino. El agua siempre tiende al mar, el control es solo el canal para llevarlo hasta él, le ayuda a conseguir su objetivo más ancestral, más primigénio.

El control también constriñe como una mano que oprime el pecho al respirar. En exceso el control estanca el agua, estanca el agua enverdeciendo el flujo natural de la vida.

Pero es también el control fuente de iniciativa, un deseo irrefrenable por tomar las riendas de la vida aún a renuncias de la felicidad inmediata.

Dejo una franja de tiempo, un espacio que aguarda a lo inesperado, a lo incierto, como una balsa a medio llenar entre el control y la incertidumbre para sentir y disfrutar plenamente de la energía que quiera entregarme la vida.

El arte de moldear el tiempo

Como muchas otras cosas empieza sin premeditación, simplemente por ser como es, en un espacio atemporal, formándose uno solo; así es el arte de moldear el tiempo, como me gusta llamar a la técnica del bonsai.

Un juego sencillo que te convierte en tu yo árbol, al que das forma con tus sentimientos, tus evocaciones, tus virtudes y defectos. El arte de moldear el tiempo también convive con los errores e imperfecciones que dejan marca en el cuerpo, su cuerpo, quizá también el tuyo, de cada hoja arrancada o dejada caer, de la rama que sigue su rumbo, que es constreñida, cortada, mutilada, guiada o simplemente dejada a su hacer, a su libre arbitrio.

El arte de moldear el tiempo es un fin en sí mismo pero sin objetivo, sin límites, sin expectativas, simplemente es.

English

Like many other things starts unpremeditated, simply for being like it is, in a timeless space, forming one; thus is the art of molding the time, as I like to call the bonsai technique.
An easy game becomes you in your I tree, which you shape with your feelings, your evocations, your strengths and weaknesses. The art of molding the time also life together errors and imperfections, which leave scars on the body, its body, maybe also yours, of each torn leaf or dropped, of the branch that follows its course, that is constrained, cut, mutilated, guided or merely left to its doing, to its free will.
The art of molding the time is an end in itself but aimless, limitless, without expectations, it simply is.

Dolor

El dolor también hay que encararlo: es un signo de interrogación que no nos hace mejores más que a condición de que se lo afronte, de que se le responda, es decir, de que se lo ofrezca un sentido. Solo es insoportable el dolor inútil, la experiencia de consumirse sin motivo, sin esperanza, sin finalidad.

English

Pain also has to be faced: it is a question mark that does not make us better unless on the condition that it is confronted, that it is answered, to say, that it is offered a meaning. Only useless pain is unbearable, the experience of being consumed for no reason, without hope, without purpose.