El arte de moldear el tiempo

Como muchas otras cosas empieza sin premeditación, simplemente por ser como es, en un espacio atemporal, formándose uno solo; así es el arte de moldear el tiempo, como me gusta llamar a la técnica del bonsai.

Un juego sencillo que te convierte en tu yo árbol, al que das forma con tus sentimientos, tus evocaciones, tus virtudes y defectos. El arte de moldear el tiempo también convive con los errores e imperfecciones que dejan marca en el cuerpo, su cuerpo, quizá también el tuyo, de cada hoja arrancada o dejada caer, de la rama que sigue su rumbo, que es constreñida, cortada, mutilada, guiada o simplemente dejada a su hacer, a su libre arbitrio.

El arte de moldear el tiempo es un fin en sí mismo pero sin objetivo, sin límites, sin expectativas, simplemente es.

English

Like many other things starts unpremeditated, simply for being like it is, in a timeless space, forming one; thus is the art of molding the time, as I like to call the bonsai technique.
An easy game becomes you in your I tree, which you shape with your feelings, your evocations, your strengths and weaknesses. The art of molding the time also life together errors and imperfections, which leave scars on the body, its body, maybe also yours, of each torn leaf or dropped, of the branch that follows its course, that is constrained, cut, mutilated, guided or merely left to its doing, to its free will.
The art of molding the time is an end in itself but aimless, limitless, without expectations, it simply is.

Dolor

El dolor también hay que encararlo: es un signo de interrogación que no nos hace mejores más que a condición de que se lo afronte, de que se le responda, es decir, de que se lo ofrezca un sentido. Solo es insoportable el dolor inútil, la experiencia de consumirse sin motivo, sin esperanza, sin finalidad.

English

Pain also has to be faced: it is a question mark that does not make us better unless on the condition that it is confronted, that it is answered, to say, that it is offered a meaning. Only useless pain is unbearable, the experience of being consumed for no reason, without hope, without purpose.

A María Cegarra Salcedo

María es el beso de la mina de la que brota un viento profundo y húmedo. María es el perfume salitre secado al sol y a la espuma de mar, con sus selvas y arrebatos de pasión desmedida. Pero María también es tiempo, un tiempo conjugado de lamentos amortajados, de mortajas con espinas que se clavan en lo más profundo del sentir de la tierra.

María… María también eres cristal de brillos con aristas, un poliedro único, articulado por destellos que si se sabe mirar con los ojos cerrados del alma, llena de colores, a través de ese prisma, un carrete velado en blanco y negro.

María, esa María Cegarra de su Unión enamorada, hoy, aquí, en la ciudad de Murcia te rendimos homenaje, recuerdos también a tu hermano, ese tan querido Andrés del que hablas, al que le pusiste voz en el silencio, que fuiste el viento de sus alas y que es hoy paz en tu memoria.

English

María is the kiss of the mine from which a deep and humid wind comes. Maria is the salpeter perfume dried in the sun and the sea foam, with its jungles and outbursts of excessive passion. But Maria is also time, a conjugated time of shrouded regrets, of shrouds with thorns that dig into the deepest feelings of the earth.

Maria… Maria you are also a crystal of sparkles with edges, a single polyhedron, articulated by flashes that, if you know how to look it with the closed eyes of the soul, it fills with colours, through that prism, a veiled reel in black and white.

Maria, that Maria Cegarra in love with her Unión, today, here, in the city of Murcia, we pay homage to you, regards also to your brother, that beloved Andrés of whom you speak, to whom you gave voice in the silence, for whom you were the wind to his wings and who today is peace in your memory.

Teléfono de la Esperanza

Llegué al teléfono con cierto miedo, dudas y nervioso. No sabía a lo que me iba a enfrentar, no sabía exactamente que iba a encontrar, pero me habían hablado bien del teléfono. Y como otras muchas cosas en la vida, fueron mis ganas de romper las cadenas del miedo y enfrentarme a un reto lo que me hizo dar ese paso adelante.

Llegué al convento en Guadalupe y vi mucha gente mayor, al principio pensé: esto no es para mí, pensé también en si iba a encajar o no, si era un lavado de cerebro, los prejuicios que afloran cuando en realidad te sientes indefenso.

Fue cuestión de horas que empecé a darme cuenta, que detrás de nuestro cuerpo, de nuestra carne, todos tenemos algo en común, un ser sintiente, con sus pasiones, sus tristezas, sus anécdotas, cuando me di cuenta de eso, el dejar al margen lo que veo, para empezar a valorar lo que siento de las personas de alrededor, empezó a producirse un cambio en mí.

Empecé con “Conocerse para crecer”, y ha sido gracias a todos vosotros los que me habéis ayudado a verme a mi mismo, a comprenderme, a quererme, a perdonarme… He visto vuestro dolor, vuestro sufrimiento, pero también vuestras alegrías y risas, que las he sentido como propias. He sentido como mi grupo crecía y yo con él, y creedme que ver como cada martes llegaba mi grupo un poco más vital, un poco más sano, es una de las experiencias más maravillosas que he podido experimentar en mi vida.

Siempre había tenido miedo de afrontar una terapia, gracias a vosotros he podido dar ese paso, el enfrentarme a mis miedos, mis esquemas establecidos, y reparar, curar y abrazar a esa persona que soy yo, que llevo dentro, y que llevaba tanto tiempo sin darle el tiempo y el afecto que merecía.

Nos herimos en sociedad, muchas de nuestras heridas son causadas por los demás, curarlas en sociedad ayuda mucho a vivir el día a día. Me llevo un pedacito de cada uno para emprender mi viaje, mi aventura. Habéis sido mi posada cada uno de vosotros, un refugio para mi espíritu que me han hecho aflorar de nuevo esas ganas irrefrenables de vivir, de sentir, de gozar de la vida.

Quiero terminar dando una bocanada profunda de aire, llenando los pulmones, siendo consciente de como entra el aire, como se mueve mi cuerpo, como pasa por mi garganta, mi lengua y sale por mi boca el aire. ¿Cómo me siento hoy?, Hoy me siento pleno.

Gracias a todos

Cruz Roja

Hoy que me toca despedirme de Murcia, de mi local, de mis amigos y de tantos voluntarios que se dejan la piel y a tantos a los que entregamos todo con una sonrisa y pasión. Les doy las gracias por esta etapa que hemos vivido juntos, pero sobre todo, por hacer de este mundo, un mundo mejor, un mundo más humano.

Aquí he aprendido una sabia lección, llevar la Cruz es llevar una importante responsabilidad, hace que renuncie todos los días a un parte de mí para ser digno de llevarla. Renuncio a la ira, al odio, a los prejuicios, renuncio a mi visión tan crítica sobre las cosas, renuncio a hablar para poder escuchar, y renuncio a mi propio ego para poder dar todo aquello que soy yo.

Compañeros, quiero que vosotros llevéis la Cruz con orgullo porque sois vosotros los que hacéis que la Cruz sea un orgullo llevarla, como así lo hicieron otros antes que nosotros.
Quiero invitaros a recordar que representamos una institución con 155 años de vida, desde el 17 de febrero de 1863.

Y esto solo sería posible porque hay un denominador común en todos los voluntarios que pasan por aquí: La pasión, la ilusión y las ganas de entrega a los demás.

Tengo la esperanza y casi la certeza de que esta etapa os marcará tanto como en mí lo ha hecho, llevando esos siete principios, humanidad, imparcialidad, neutralidad, independencia, voluntariado, unidad y universalidad como compañeros de viaje.

Me faltaban unas palabras por escribir y dejé inconcluso este escrito hasta hoy, miércoles 12 de diciembre de 2018. Querer siempre entraña un riesgo, perder lo querido. Un año ya en Promoción del Éxito Escolar, y parece que fuera hace unos días cuando me apunté. Os he querido entregar todo lo que soy yo, sin que nadie me lo pidiera, os he dado todo lo que soy sin ninguna obligación, y esto es lo más bonito que me llevo de Cruz Roja, ser libre para entregar mi corazón a los demás, a quien lo necesite, sin importar su edad, cultura, religión o sexo.

Encontramos en el camino personas maravillosas que nos ayudan a seguir caminando, como una fuente que recarga nuestras fuerzas, nuestro espíritu y nos alienta a caminar, a retomar el camino, y seguir caminando en ese sendero que llamamos vida. Habéis sido mi fuente, mi ilusión y mi esperanza. No sé si llegaré a estas lineas sin emocionarme, probablemente no, pero eso significará que me he dado permiso para poder sentir, para poder vivir y gozar de la vida plenamente. Os invito a que también lo hagáis vosotros. Gracias a todos.

El silencio del huérfano

Ya no soporto más la situación que mantenemos en la Región. He presenciado desde hace muchos años, con mis propios ojos, como se destruía el patrimonio de la Región sin ningún tipo de pudor, tala de los ficus de Avenida América en Cartagena, tala de eucaliptos y ficus del Cuartel de Artillería, podas de todo tipo en pueblos y ciudades por personas de dudosa preparación, hasta la catástrofe de Santo Domingo, y así un largo etc.

Hoy, todos ellos, engrosan ese patrimonio del olvido, para erradicar, una vez más, del pueblo murciano su identidad, engendrando una sociedad huérfana y estéril. La cultura de la Región también son sus paisajes, sus bosques y avenidas, conforman su identidad, aunque a muchos les parezca descabellado también nuestra identidad se escribe en el medio ambiente por medio de la vida. No obstante, cultura también es lo que no hicimos, lo que no hemos hecho, lo que hemos dejado arrancar de las entrañas de la tierra, eso también habla de nuestra identidad, del dejar morir, del dejar pasar, el mirar hacia otro lado y defender la vida.

Como murciano y como ingeniero agrónomo tengo la obligación moral y profesional de proteger el patrimonio de la Región y defender los intereses de todos los murcianos encarnados aquí en su patrimonio.
Le pediría al COIARM, apelando también a su responsabilidad ética para con su pueblo buscar soluciones a estos actos por parte de los ayuntamientos y gobierno autonómico.

No creo necesario remarcar aquí la importancia del patrimonio natural, pues bien sobrado es vuestro conocimiento, por ello, y con más razón, la importancia de defenderlo, y no solo hacer una defensa, sino también fomentar su conocimiento y participación.

Diversidad

No hay viento favorable para quien no sabe a qué puerto se dirige. Algo así venía decir Séneca, durante mucho tiempo había tomado esas palabras como estandarte personal. Tienes que tener las cosas claras, tener un destino fijo, bien encauzado, un camino recto, sin titubeos, firme, siempre firme.

Hoy, con algunos años más a las espaldas, no demasiados, pero algunos son, creo que ya no siento esa frase como propia. He luchado, he vencido, he sido derrotado, me he caído y levantado. Un día tuve las cosas claras, ¿por qué hoy no?, ¿por qué hoy siento que todo me da vueltas?, ¿Por qué hoy siento que nada es como creía? Para llegar de A a B, no siempre la línea recta es el camino más corto, o al menos no el más enriquecedor. Si no me hubiera dejado mecer por el viento, si no me hubiera dejado llevar por esos misterios que encuentras en los muchos senderos por los que uno camina no hubiera llegado hasta aquí. No sería lo que soy, no sentiría lo que siento.
Hoy dejo atrás 6 meses, una muesca en el recorrido de una vida, pero 6 meses de felicidad, de dificultades y alegrías, 6 meses de lucha, sacrificio pero también de recompensa y fruto.

Me llevo mucho, y por más que intentara contener con mis brazos, mi corazón o mi mente cada recuerdo, cada experiencia o cada sentimiento no podría porque desbordarían hasta derramarse.

Cuando empecé a trabajar en el centro de discapacidad intelectual me dije, ¿De verdad estás haciendo lo correcto?, ¿Qué haces tú aquí?, tenía muchos prejuicios, veía un entorno que no tenía nada que ver conmigo, veía algo extraño, tenía verdadero miedo, estaba aterrado, ¿Qué hacía un ingeniero agrónomo aquí?
Los días fueron pasando, mis prejuicios iban desapareciendo, cada usuario y trabajador del centro era un pájaro que iba quitando un pedacito de esa venda que tenía en los ojos, una venda que me impedía ver la belleza del mundo, la belleza de lo diferente, de aquello que se esconde, que nos es oculto.

Cada día era diferente, desde que salía de mi casa hasta que volvía a ella, con cada ciezano, abaranero o blanqueño. Pasé de desconocer mucho de mi propia tierra a conocer algo más de ella, ver la floración de Cieza, el Segura pasando por la Vega Alta, o la Atalaya siempre vigilante.

He aprendido mucho de vosotros cada día, con cada abrazo, cada mirada cómplice, cada risa y cada llanto, con cada pelea y cada arrebato que surgen de un corazón que late y necesita ser escuchado, compartido y sentido por otro corazón que sepa escuchar, compartir y sentir cada latido.

Hoy que me voy hago acopio de todo lo que llevo en mi maleta, una sonrisa en los labios como recuerdo de lo vivido y de lo que dejo, un soplo de aire favorable me lleva, volveré a dejarme mecer por el viento, no sé a dónde, no sé a dónde se dirige.

A Begoña Belmonte

Agradecer a todos aquellos que estáis aquí compartiendo este momento con nosotros. No quisiera extenderme demasiado y que sean ustedes los que juzguen con sus propios ojos, por tanto, no pretenderé que entendáis nuestras diferencias, no voy a definir la capacidad de ser, de existir o de sentir, ni tampoco me voy a consumir justificando la frustración de la lástima.

Cada uno será lo que quiera hacer de sí mismo. Así es como el arte nos hace invencibles, nos hace inmortales, el arte nos hace a todos iguales, sin barreras, sin prejuicios. El arte es una mirada al yo más interno, un lenguaje universal, que no tiene sexo, color, condición o frontera, el arte nos hace libres, una mirada global sobre la libertad del mundo.

Agradecer a Begoña Belmonte su entrega, su dedicación, de quien nunca se quita el traje de artista, de quien lleva puesta su condición en la piel desde que se acuesta hasta que se levanta. Begoña Belmonte nos revela ese misterio que nos es oculto en la diversidad funcional, nos desnuda a cada usuario usando su propio corazón. Pues como reza Schopenhauer, no hay ningún viento favorable para el que no sabe a que puerto se dirige, y es ella quien aporta esa luz.

Lo que vemos aquí es la genialidad de alguien que ha sabido ver con los ojos de su propia alma, la de aquellos que le rodean, hablar la lengua de las crisálidas y darle sentido a cada trazo, color, forma o textura.

Cerrad los ojos, deshaceos de vuestros prejuicios, respirad profundo y escuchad la lengua de las crisálidas. Esta vez sí, abrid los ojos, no miréis, observad, y descubriréis la obra de arte que albergamos en nuestro interior.

Esta es una victoria compartida de los usuarios y tuya, Begoña, muchas gracias por la pasión y la ilusión que le pones a tu trabajo.

Un aplauso.

Exposición