Mal francés

Te pediría, si tienes a bien hacerlo, que me regales tu silencio, pues cada palabra me flagela con el anhelo de lo perdido.
Regálame la amable compañía de tu silencio que expresa todo aquello que yo quiero escuchar y tú decir.
Regálame la infinita presencia de tu silencio, que es para mí, consuelo, y para ti, dicha de que pronta es mi recuperación. No es la primera, ni será la última que el dolor me recorra hasta la última de mis entrañas, y mi humor se me torne agrio como el vinagre. La fiebre me atormentará dos noches, quizá más, y entre delirios te pediré que me dejes marchar de este mundo. Soltaré improperios por mi boca fruto de mi bien merecido calvario, lloraré desecho del dolor pero el saber que tu mano en la noche estará tendida, agarrando fuerte la mía, como un bálsamo atenúa mi angustia.

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