II Carta a la vendedora de hinojo

Mucho tiempo ha pasado desde la última carta. Con el tiempo intuí la respuesta. Para mi gusto fue algo vaporosa, pero terminé por encerrarla en un bote, guardarlo y, contemplarlo bajo el prisma del recuerdo y las arenas del tiempo.
Si bien es cierto que esta vez te escribo con las mismas letras pero distinta tinta. Gracias a Dios la Época Negra desapareció, aunque aún queda algún rescoldo mortecino del que no quiero deshacerme, le he cogido cariño a ese fular gris, llámame tonto, pues te doy la razón, soy un tonto entre listos al que le gusta escribir.
Ahora, después de haber recogido los mil trozos de sabor amargo y coserlos, con el dolor de cada punto, te paso a ti este ser vaporoso, como regalo del que me diste; pero éste es distinto, como dirían los tontos, son dos seres de misma substancia pero distinta esencia.
Lamento no habértelo regalado antes, pero preferí construirlo bien, con todos los detalles, amoldado a ti, si bien sabrás que yo nunca malgasto ni aliento ni tinta, nada es porque si.
Bueno, de lo que quería hablarte es de ese ser oscuro, al que tanto amas, odias, apartas, acercas, te hace sufrir, en definitiva una macedonia de frutas, y por frutas tus sentimientos. Y aquí quiero llegar, ¿Te acuerdas de aquella metáfora?, el Banquete de la Vida, si no te acuerdas hoy te la vuelvo a contar…

Todo ser humano llega a un Restaurante, se sienta y le traen platos uno a uno, él los digiere, por amargo, ácido o salado que sea. Siempre está la opción de levantarse, que acabe TODO, pero no merece la pena, es mejor ir comiendo uno a uno, y esta macedonia aderézala con lo que quieras pero, yo que estoy en la mesa de al lado, te recomiendo la salsa de la casa, el tiempo, échale un buen chorro de tiempo, sino, te atragantarás y te arrepentirás casi seguro.
Olvida a ese ser de mirada opaca y piel negra noche, sin boca y con garras por pies y manos, pero olvida sobre todo a ese sincorazón que tus ojos han formado, estoy seguro que no es así, será un disfraz macabro para llamar al tiempo y a los astros a que vuelvan a iluminar las tinieblas.
Pero, si el tiempo no lo solucionara, cosa que dudo, habrás de elegir, ¡Eligere aude!, atrévete a elegir. Cuando yo elegí no sé si lo hice bien o mal, pero fue mi elección, por eso yo digo, elige, no te diré sin miedo, pues siempre nos acompaña la duda de la decisión, pero te reafirmarás como tú misma, serás dueña de tu propio destino, ¡Libre, libre, libre!

2 pensamientos en “II Carta a la vendedora de hinojo

  1. Cuánta razón tienes… ojalá las cosas fueran más sencillas…
    No sabes todas las cosas que tengo que decirte, todos los recuerdos que en papel y tinta recogen las hojas del cuervo que me entregó cual tesoro de su oscuridad infinita. Me engaña, y él a sí mismo. Yo sé que es un disfraz macabro para dejar pasar el tiempo, y en cierto modo, él sabe que lo sé. Supongo que de ahí mi repetido sueño. Supongo que aunque la oscuridad vaya más rápida que la luz, aunque pueda existir sin ella, una sin la otra quedan incompletas, y en cierto modo, no pueden vivir el uno sin el otro. Toda esencia necesita de la antiesencia, y tal vez, por la separación y el poco tiempo del menester, no se entiendan, y eso, es lo que más duele.
    Si la luz sufre, el cuervo oscuro del disfraz macabro también. Uno no es nada sin el otro.
    -Cuando el pasado ya no ilumina el futuro, el espíritu camina en la oscuridad, pero el presente seguirá iluminando cada instante de tu vida, aunque no lo percibas.
    -La luz sólo existirá si tiene una oscuridad para devorar.
    -Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando.
    Ya nos veremos en el regnum caelorium.

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