Tan temprano madrugó la madrugada

En un julio cálido abrió la madrugada las puertas para darte la bienvenida. Tranquila, tomada de la mano te fuiste desde la tierra huertana con tu maleta, soplo de aire cargado de recuerdo.
La noticia me arranca un consuelo de golpe helado, un arrebato convertido en alivio de impotencia lacerante. Serenidad aguda. Una evocación se evapora, diluye, de lo que es hoy, ahora, una cáscara vacía. Tierra desmembrada en islas. Colapso de un oxímoron viviente destroza mi cuerpo en un silencio.
Ese beso en la mejilla que entrega tu tiempo. Lento. Más lento. Tu vida, reproducida a cámara lenta. Cada día. Cada hora. Cada segundo. Un péndulo silencioso. Apacible. Delicado. Una marca de lapsos temporales cada vez más extensos. Verte andar, relajada, disfrutando de la brisa del camino, espuma de mar. Sol. Luna. Oscuridad. Un fin prolongado en el tiempo. 6:21 de un jueves 13 de julio de 2017. Te lo llevas todo.
Calla. Mantente en silencio. Abre tus ojos y seca tus lágrimas. Saben a mar. No es mi marcha una interrogación, soy una respuesta viva. Mira mis ojos, mi sonrisa ¿Hay dolor?, ¿Hay miedo? Me he entregado a un viaje preparado cada día para partir. En este viaje no hay maleta, este viaje se hace, desnudo, solo con el corazón levantado. Alto. Muy alto.

Reflexiones sobre el Pacto de Milán

Una vez más acojo con tristeza una vez más estos encuentros 1. Veo a muchos profesionales con grandes ideas, con ideas muy claras pero que no se escuchan, que llegan al simposio con las palabras e ideas grabadas y les cuesta escuchar, les cuesta hacer oídos a argumentos que se salgan de sus estrecheces ideológicas.
No sé quien fue el primero en plantearse los problemas del hambre pero ya hacía resonaba en torno a los años 20. Han pasado casi 100 años y estamos en la misma posición. Veo diálogos enconados, muros en la argumentación, en el consenso porque el problema antes que social, antes que económico, ecológico o agrícola es el problema filosófico. Un problema más profundo que afecta a las entrañas del ser humano, los particularismos. Al igual que el filósofo español Ortega apuntaba en su España Invertebrada, los particularismos es la enfermedad más extendida, también de este siglo XXI, la banalización de las desgracias ajenas, de la falta de empatía; en definitiva de las visiones egoístas y la falta de un proyecto en común que aglutine a todos.
La lucha principal es en contra de esa visión nihilista que tiene occidente y erradicar la banalidad del mal a la que nos hemos acostumbrado.
Los particularismos, el nihilismo o la banalidad no ha sido el mayor de mis asombros, por primera vez he sentido que los jóvenes no tenemos hueco en el mundo intelectual ni técnico ocupado por aquellos que se encumbran como “élites” que pretenden dar soluciones a un mundo que ellos mismos han corrompido. Considero que se produce un colapso de regeneración motivado por la falta de transmisión y conexión entre generaciones. No existe una renovación y, si esta se produce, es de ruptura. Quienes ostentan el poder no preparan a sus sucesores, solo se aferran al propio poder hasta su fin último.
Me gustaría hacer ver que aquí existen dos tipos:
Aquellos anclados en un tiempo pretérito, solo escuchan los ecos del pasado sin realmente vivir, que es algo que se hace hacia adelante, es una actividad que va desde este segundo al inmediato futuro. En cualquiera de sus formas son nihilistas o han entrado en la más pura banalidad.
Aquellos que creen haber creado un proyecto fecundo como resultado de un pacto común, pero es un camuflaje del egoísmo, lleno de verborrea o simplemente la más pura necedad. Estos son los particularistas.
Podrán sonar a pesimismo esta visión del pacto de Milán que no falla en su planteamiento pero sí en su ejecución. Pero no es pesimismo sino advertencia, si ambos tipos son un peligro para la vida privada cuanto no más serán para la vida pública.

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1 Diálogos sobre la Nutrición y Sistemas Alimentarios Sostenibles consecuencia del Pacto de Milán

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Reflexiones

Me gusta la época en la que se valoraba a la gente por sus cicatrices, sus marcas, las heridas de guerra. Hoy se admira a quienes no tienen ni un rasguño, bañados en perfume de operaciones estéticas en vías de una juventud eterna.
Me gusta aquella época en que se valoraba a la gente por las cicatrices de la experiencia, por las arrugas de haber llorado, reído y amado y por las marcas de la vida.
Espero que algún día llegue el día en que el mundo valore más las huellas de haber vivido que permanecer intacto sin haber vivido nunca.

Italiano

Mi piace il tempo in che si aveva caro alla gente per i suoi cicatrici, le marche, le ferite di guerra. Oggi si ammira a chi non ha ne un graffio, bagnati in profumo di operazioni estetiche nella via di una perenne giovinezza.
Mi piace quel tempo in che si aveva caro alla gente per i cicatrici dell’esperienza, per le rughe di avere pianto, riso ed amato e per le marche della vita.
Spero che alcun giorno verrà il giorno in cui il mondo avia caro più l’impronte di vivere invece di rimanere intatto senza avere vissuto mai.

Reflexiones

No me importa que riesgos entrañe el saber, porque es allí, donde todas las verdades se ocultan y donde nos encontramos algunas noches de otoño, pues si fueran de primavera, mi deseo, no sería pensar, sería, emprender el vuelo, bajo el mismo sol, bajo la misma mirada, y perderme, lejano, en el horizonte.
No he querido prender en suspiros los olvidos de mi vida pasada, viviendo mi aventura, no sé si mía, tuya, suya o nuestra. Aventuras que se elevan en un soplo de aire, más allá de tu calle, más allá de la… nuestra.
No me importa que riesgos entrañe el saber, será otra aventura, desconocida, incierta.

Progreso

Perdonad que recurra a términos tan de mi rama de conocimiento que para algunos, ajenos a ella, resultan, a priori, incomprensibles, mas no temáis que entenderéis.
En mi mundo, en nuestro mundo, no es información lo que falta, es criticidad, no es progreso sino apasionamiento, no es moral sino solidaridad.
Como las plantas atiborradas de nitrógeno, crecen, crecen sin parar, vigorosas, verdes, con ganas de tocar el cielo con cada hoja, mas olvidan otra realidad, una realidad que se esconde bajo la tierra, una realidad que las sustente y les de la vida.
Estas plantas vigorosas, atiborradas, frívolas, son flores de un día, impactan, son vistosas y obnubilan con sus colores y perfumes, son una vanidosa treta hedonista de consumo, porque qué sería el progreso sin el consumo.

Son frenéticos intentos de captar miradas, atenciones en un mundo masificado, absurdo, abrumado por el exceso y la falta, no os dejéis engañar, pues sabéis, que esas frívolas atiborradas, son flores de un día, su mero crecimiento las tuerce y nunca tocarán el sol. Sus raíces, débiles, sin principios, sin base alguna no pueden aguantar el intento de erigir una cultura megalómana, megalítica.

Cuando hay sequía enseguida deja ver sus estragos, deja ver sus miserias, sus desdenes, su devaneo, y se consumen en su propio deseo, quisieran volver a ser raíz y tocan la tierra en un intento desesperado por conocer, por volver a ser, mas su deseo de querer ser y no ser las tortura, como el atado por los narcóticos busca su dosis, porque si algo es adictivo para nuestra sociedad es eso que llaman “progreso”, mas sabed, que lo que vosotros llamáis progreso, yo lo llamo flores de un día, frivolas, vigorosas y atiborradas flores de un día.