Mirar hacia otro lado

Y otra vez vuelve a ocurrirme, siempre lo mismo y volver a empezar.
Cuando miras a alguien a los ojos y su mirada, su sonrisa te dice algo más, parece que vuelves a flotar de nuevo, parece que el Sol brilla más fuerte, el día es más alegre y hasta el mundo parece mostrar otra cara. Imaginas, imaginas e imaginas, pero está claro, es imposible, parece que en estas cosas me quedo sin palabras, no sabría qué decir, doy muchas cosas por sabidas o simplemente es que me sigue dando miedo elegir. Cuantas veces he pretendido afrontar, asumir, incorporar a mi vida y a mi corazón esa frase latina, Carpe diem, esa maldita locución de Horacio, Carpe diem quam minimum credula postero, aprovecha el día, no confíes en mañana. Definitivamente es imposible o improbabilísimo como afirma Max Born.
Lo he negado una y otra vez, y poco a poco he ido olvidando, enterrando aquellas sonrisas, aquellas miradas… Las he ido apartando día a día de mí y guardándolas en mi baúl, en mi cofre del tesoro.
Ojalá un día una sonrisa y una mirada me lleven de nuevo de viaje, que me tiendan la mano, pero esta vez no sólo en los sueños, que no quede todo en lo que antiguas evocaciones me hicieron pensar y sentir.
Ojalá esa sonrisa y esa mirada me acompañen algún día, por ahora me conformo con perderme en los sueños de media noche, de lunas amargas y palabras vacías. Para que nunca más el deber sea el querer, para que el querer sea el poder y, el poder sea para quien lo quiera.

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