Seres de la noche

El frio, la noche, una pasión que no cesa. Un suspiro, un deseo, una bocanada de aire fresco. Empapados los labios, el pelo, la ropa… Paseando entre oscuras sombras, murmullos nocturnos de seres que se ocultan en la noche, acechantes, escondidos.
Los arboles tiemblan a su paso, las hojas caen como perdidas y se posan como almas en el suelo, esperando recordar porque llegaron, que fueron, que magia trémula y caprichosa las arrancó de su mundo.
Y una luz me arrebata de mi ser. Me ciega. Me lleva a un lugar lejano. La niebla se espesa. La visión se nubla. Solo el sonido de los pasos me acompaña. La vida cesa. Se congela. Se llena todo de un gris difuso. Y la nébula confunde a aquellos seres que me acechan. Camino con paso firme. Las luces y las sombras juegan como gigantes enormes. Sus danzas macabras me rodean. Me atrapan.
Mis manos como piedras de hielo van cediendo a esa música mortecina que se apodera de mí, me envuelve en un sueño sin retorno. A un destino sin un donde. A un porque sin respuesta. A un enigma eterno… Y a lo lejos veo un caminante. Le sigo. Mi corazón se acelera. Corro presto detrás de él. Le tomo el brazo y, en su giro, se pierde. Se desvanece como aquellas sombras que me acechan.

¿Qué queréis de mí seres de la noche?

Un pensamiento en “Seres de la noche

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