Un segundo previo

El sonido reverberaba por las esquinas del auditorio, la vibración de cada nota se reproducía en la mente de los espectadores. Se tocó la última nota y quedó suspendida en el aire acompañada de su gesto de cierre. La yema del pulgar tocó suavemente la del índice. Su leve sonrisa atesoró ese segundo de magia que aguarda antes del aplauso. La gloria antes de la gloria. El cosquilleo anterior al orgasmo. El estertor previo a la muerte.

Sentimiento trágico de la vida

Hay dos tipos de personas: los que temen a la muerte y los que no. Yo soy de los segundos. He participado de la muerte, del no existir, del desaparecer, he querido morir, he muerto muchas veces, por eso no temo a la muerte, a mi propia muerte, a imaginar mi propia muerte.

Siempre he sido libre porque no tengo miedo a la muerte, es ella quien me teme. Desde la oscuridad la observo como una bestia acechando su presa, esperando con sigilo, desde la sombra, a saltar sobre ella.
Mi confesión de muerte es mi testimonio de vida, a no ver en la muerte mi condena sino un premio ansiado, un regalo de la propia existencia al propio ser.

Aquí espero el mármol que no leeré en el que ya están escritos fecha, ciudad y epitafio.