Quaestio focus

Dotar de sentido al mundo. Mi mundo. Absurdo diálogo. Buscar aquello que no necesito. Un viaje que me lleva al punto de origen. Llamar a la puerta desde donde despedí mi partida. Giro de 360º. ¿Bañarme en el mismo río? ¿Quizá fuera otro?. Otro enfoque. Otra perspectiva. Otra aproximación a la cuadratura del círculo. Negar que la luz tiene diferentes reflejos en el cristal.

Me dijeron que abriera los ojos, que estuviera despierto, que observara. Me dijeron que callara y callé. Me dijeron como vivir y obedecí. Incapaz de ver. Incapaz de sentir. Ciego. Cierro los ojos. Tengo miedo. Una respiración profunda. Allí estaba. Lo que simplemente era. Comenzó a ser.


Brisa de mar

Soy el sol. Su destello en mi cara. Soy sal. Su salitre en mi piel. Soy mar. Rumor del abismo. Soy náufrago. De cualquier barco hundido. Soy gaviota. Mecido por el viento. Soy huella. De arena borrada por las olas. Soy. Y dejé de ser. No soy. Y cuando jamás pensé volver a ser. Fui.

Ruido

Y hubo tanto ruido que al final llegó el final. Mucho, mucho ruido. Tanto, tanto ruido que al final, por fin, llegó el fin. Una revelación entre tanto ruido. Acallé voces. Dejadme escuchar a aquel que con voz tenue me susurra al oído. Quien siempre estuvo. Aquel que queda al deshojar la flor. Aquel que frente al espejo se presenta desnudo cuando cae la ropa. Aquel que por resultado queda en la resta. Diría Mies, menos es más. Hablaría Pablo d’Ors en su biografía del silencio sobre el poder de la resta, se quedaría Gaudí con la deconstrucción del gótico y sería Pablo Picasso el que sustraería elementos hasta quedarse con el desnudo de la forma más pura. Un fuerte soplido, y solo quedará la casa de ladrillo. Un aire rotundo, violento y enrarecido de pulsión de muerte. Un pulso minimalista borrando lo superfluo, lo banal. Quedando lo de valor, lo que de verdad importa.

Un segundo previo

El sonido reverberaba por las esquinas del auditorio, la vibración de cada nota se reproducía en la mente de los espectadores. Se tocó la última nota y quedó suspendida en el aire acompañada de su gesto de cierre. La yema del pulgar tocó suavemente la del índice. Su leve sonrisa atesoró ese segundo de magia que aguarda antes del aplauso. La gloria antes de la gloria. El cosquilleo anterior al orgasmo. El estertor previo a la muerte.

Sentimiento trágico de la vida

Hay dos tipos de personas: los que temen a la muerte y los que no. Yo soy de los segundos. He participado de la muerte, del no existir, del desaparecer, he querido morir, he muerto muchas veces, por eso no temo a la muerte, a mi propia muerte, a imaginar mi propia muerte.

Siempre he sido libre porque no tengo miedo a la muerte, es ella quien me teme. Desde la oscuridad la observo como una bestia acechando su presa, esperando con sigilo, desde la sombra, a saltar sobre ella.
Mi confesión de muerte es mi testimonio de vida, a no ver en la muerte mi condena sino un premio ansiado, un regalo de la propia existencia al propio ser.

Aquí espero el mármol que no leeré en el que ya están escritos fecha, ciudad y epitafio.