Sentimiento trágico de la vida

Hay dos tipos de personas: los que temen a la muerte y los que no. Yo soy de los segundos. He participado de la muerte, del no existir, del desaparecer, he querido morir, he muerto muchas veces, por eso no temo a la muerte, a mi propia muerte, a imaginar mi propia muerte.
Siempre he sido libre porque no tengo miedo a la muerte, es ella quien me teme. Desde la oscuridad la observo como una bestia acechando su presa, esperando con sigilo, desde la sombra, a saltar sobre ella.
Mi confesión de muerte es mi testimonio de vida, a no ver en la muerte mi condena sino un premio ansiado, un regalo de la propia existencia al propio ser.
Aquí espero el mármol que no leeré en el que ya están escritos fecha, ciudad y epitafio.

Ignoto

Todos tenemos miedo a lo infinito, a lo que nuestras manos no alcanzan a apoderar, la inmensidad, el cosmos. Nos asusta porque es en la belleza de lo inalcanzable, en el paradigma de lo místico e inexplicable donde reside la verdad, la explicación de todo, y es el todo lo que nos aterra, saber… Es el vértigo a lo desconocido, la angustia vital a conocer lo que nos abruma y desconcierta.