Sentimiento trágico de la vida

Hay dos tipos de personas: los que temen a la muerte y los que no. Yo soy de los segundos. He participado de la muerte, del no existir, del desaparecer, he querido morir, he muerto muchas veces, por eso no temo a la muerte, a mi propia muerte, a imaginar mi propia muerte.
Siempre he sido libre porque no tengo miedo a la muerte, es ella quien me teme. Desde la oscuridad la observo como una bestia acechando su presa, esperando con sigilo, desde la sombra, a saltar sobre ella.
Mi confesión de muerte es mi testimonio de vida, a no ver en la muerte mi condena sino un premio ansiado, un regalo de la propia existencia al propio ser.
Aquí espero el mármol que no leeré en el que ya están escritos fecha, ciudad y epitafio.

Träumerei

Los sueños, la vida; hay veces que la línea es tan fina y borrosa que llegan a ser una mezcla.
¿Viviremos en el recuerdo de un sueño? ¿Permaneceremos atados a una ilusión, a una reminiscencia difusa y efímera? O por el contrario… ¿Arrancaremos al sueño su ficción para hacer de él una realidad, un ente tangible?
¿Somos dueños de nuestro destino? O ¿Vivimos atados a una predicción, a un conjuro de astros?
Una cosa es segura, ante la duda, ante la incertidumbre, es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad.