Poesía de calendario

Pasó una hora. Dos. Y hasta tres. La lengua de la noche entra por mi ventana. Gélida y húmeda me saca una sonrisa. De color gris perla, tenue, tímida. Después de tanto tiempo nos hemos visto de nuevo. Amor, amor, amor. Amor querido. Después de tanto tiempo que no nos hemos visto y yo me he acordado de ti. Mucho tiempo, he estado pensando en ti. Amor, amor, amor perdido. Amor perdido, sé que nunca olvidaré lo que te he querido, que nunca olvidaré lo que nos hemos querido después de tanto tiempo, si quieres acordarte de mí. Pasó una hora. La lengua de la noche entra por mi ventana. Amor querido.

Resta

Aprendes a sumar, caminar, escribir, leer, conocer gente, conoces a Dios, el significado del yo, del tú, del nosotros, del ellos. Tienes amigos, viajas, amas. Conoces el miedo, la vergüenza, la valentía o el coraje.

Todo es una suma. Va pasando el tiempo, los años, en el mejor de los casos llega la madurez. Llega el silencio. Y en ese momento llega algo maravilloso. En el silencio se puede escuchar. Se descubre realmente al mundo. A Dios. A ti mismo. Es el silencio la otra operación matemática de la vida. La resta. El quitar, sustraer. Hostil, cruel, dolorosa, nos asusta, nos aterra porque nadie nos enseño a restar. Vivir de dentro hacia fuera, sacando las entrañas a los demás y cuando volteamos la vista al interior es tal el miedo, que cerramos de un portazo a la vida, a lo más profundo del sentir de alma misma.

La operación que nos devuelve a la vida, que nos de-vuelve a la vida, es la resta. Vinimos del no ser, surgimos de la no existencia, del vacío, y fuimos, aprendimos a ser. El vacío, el océano, el desierto nos vuelve al no ser del que surgimos, reducidos a la infinitésima potencia de nosotros mismos. En lo esencial, lo más básico, donde menos es más, abriendo hueco al ser, a la vida, a la verdadera vida. La obra materializada del silencio. Así es la simpleza de la resta.

Sexualidad

Soy, yo soy, soy, yo soy, soy yo, yo soy, ¡soy yo!, ¿Por qué?, no se elige ser, se es. ¿Por qué?, la sexualidad se es, no se elige, no se elige ser, ser, no elegí venir al mundo. Ser, soy. La sexualidad no se legitima por su ejercicio. Soy, yo soy. Sería monja y sacerdote y seguiría siendo. Soy, yo soy, soy. La sexualidad puede serme oculta. Yo, soy, oculta. Incluso toda la vida, soy yo. La sexualidad se puede descubrir, yo soy, no aprender, soy yo.

Primer día de enero

El recuerdo me ha posado en tus ramas como la escarcha en el primer día de enero. A tu vereda siento el abrigo del frío que me sonroja la nariz y mejillas. Me hace pensar en ti.

Mi almendro de flores, ¡Les he dicho que mienten!, mi niña, mi niña bonita, les he dicho que mienten. Les he dicho que ha llegado la primavera y con el azul del cielo tus flores parecen más vivas, más coloridas, más tú.

Una brisa, sin hacer ruido, te meciste entre las ramas del almendro en flor. En su madera tallaste tu despedida, un marzo 24 de hace 6 años. 6 años que te fuiste mi niña, que te ataste a la tierra y que en el aire vuelas libre, mi niña bonita.

Sigues siendo la luz y el fruto, sigues siendo el tesoro. Anclado en el tiempo se ha quedado tu raíz y tu tronco como si nada hubiera pasado, como si en la memoria aún estuvieras.
Se han caído las hojas y en pétalos he enjuagado mis lágrimas, prometo volver a visitarte, un rato cada día.

Tu que me has acompañado en las etapas más duras de mi vida, donde todo lo había dejado y ahora tu me dejas solo. Me has enseñado a creer en mí mismo, me has curado las heridas con el aceite de tu fruto.

Ahora he aprendido a no arrepentirme de mi propio vuelo, la amistad no es prisionera, no es jaula ni cárcel. Hoy te llevo en mi bolsillo compañera junto a mi pañuelo de amargura. El recuerdo me ha posado en tus ramas como la escarcha en el primer día de enero.

El barquero de Cannaregio

Lo reuní todo, preparé mi viaje y tomé esa barca. La barca escapa de una cárcel de recuerdos inservibles. El barrio donde habito no huele a mar. Lo encuentro como un susurro. Un silencio de muerte. La barca escapa de mi cárcel de recuerdos inservibles, tira lastre, aligera su peso. Detrás no queda nada solo estatuas de sal.

Un segundo previo

El sonido reverberaba por las esquinas del auditorio, la vibración de cada nota se reproducía en la mente de los espectadores. Se tocó la última nota y quedó suspendida en el aire acompañada de su gesto de cierre. La yema del pulgar tocó suavemente la del índice. Su leve sonrisa atesoró ese segundo de magia que aguarda antes del aplauso. La gloria antes de la gloria. El cosquilleo anterior al orgasmo. El estertor previo a la muerte.

24 de marzo

El deseo de una casualidad desaprovechada, una segunda oportunidad, el billete recomprado en una taquilla de Sants para llegar a alguna parte de la calle Bailén.

El frío volvía a llenarme de la ilusión que perdí por la ciudad condal. Mi nariz helada me traía el recuerdo de cómo me daba el aire en la cara cuando iba en moto de un lado a otro de María Claret. Bajar Diagonal fue dando el color, que había perdido hacía varios meses, a mis visiones que solo eran en blanco y negro.
Nada fue intempestivo, todo transcurrió sutil, sencillo, sin pretensiones. Comenzamos a hablar, de todo, quizá de nada, de lo que fue, de lo que no era.

No me sentía nervioso como otras veces, pero el hecho de querer agradar sin que se produjeran silencios incómodos me hacía hablar en exceso, siempre más de la cuenta. Empezamos a hablar de música. Nos miramos y surgió ese momento inefable.

Le robé un beso en la primera nota del solo de saxofón del Waltz nº2 de Dmitri Shostakovich. Recorrí cada curva, cada surco de su piel. Un momento surealista e intenso. Esas manos calientes me calmaban el frío que traía de la calle en Barcelona. Sonreía de nuevo, me perdía en sus manos, nuestras miradas se perdían buscando algo más profundo que la pupila. Era un diálogo sin articular palabra, la piel tenía su propio lenguaje.

Quise compartir algo más de mí mismo, quizá buscando una respuesta a un interrogante que me llevaba toda la noche rondando la cabeza. Dejé que sonaran las Gymnopédies de Satie y mi duda se contestó sola. El tiempo pasó melifluo concediéndome un montón de sueños y fantasías, proyecciones de miles de futuros y con ellos me quedé dormido.