Bolonía, la meretriz del nuevo sistema educativo

Ha sido el famoso proceso Bolonia un adelanto o un atraso, una renovación docente o un ancla en las antiguas costumbres. Qué es Bolonia, qué consecuencias conlleva, cuáles eran sus intenciones, y lo más importante, en que ha quedado tanta reflexión, tanto proceso.
El proceso Bolonia se fecunda en el 1988 con la Magna Charta Universitatum (Carta Magna de las Universidades) pero no es hasta junio de 1999 cuando se consolida el proceso tras la Declaración de Sorbona.
Varios sectores se oponen a la reforma y otros muchos defienden que será una renovación, una puesta de nuestra visión en el cambio, el futuro y el progreso.
Sin duda el planteamiento era el correcto, sus intenciones buenas y la filosofía de base de la que partía pensada y razonable. Evidentemente sobre papel parecía un idilio casi perfecto, un paraíso que cambiaría la educación del nuevo siglo en Europa. Su puesta en marcha fue una realidad muy distinta, el vacio en la aplicación de la norma impedía su correcta aplicación, la incomprensión, las malinterpretaciones de las ideas y el descontrol hicieron de Bolonia la escusa perfecta, el argumento utilizado por todos para justificar su programa, cuantas veces habré escuchado: ¡Señores esto es Bolonia! De verdad es posible tener tanta cara, sabrá usted lo que es Bolonia. Pero claro Bolonia para los que se sientan en un asiento vitalicio cobrando por decir cuatro chaladuras y espetar cuatro chistes que a buen seguro se aprendieron cuando les dieron la cátedra, es una cosa muy distinta. Si quiero mandar trabajos BOLONIA. Si quiero que vengáis a clase BOLONIA. Si quiero que os compréis mi libro del que recibo comisión y del que sin él no conseguiréis aprobar BOLONIA. Bolonia es la justificación para todas las desfachateces de todos los dinosaurios que del Mesozoico sobrevivieron y para todos los insectos que del Carbonífero perduran. Probablemente aun nos queden unos años para cambiar las cosas, no pierdo la esperanza, procuro siempre que puedo hacer ver a los de mi alrededor la esencia con la que se fecundó el proceso.
Algún día esto no será mera filosofía sino una directriz clara y definida al margen de toda idiosincrasia individualista, para que sea seguida y aplicada.

Responsabilidad

El problema que se nos presenta, es, en definitiva, la consecuencia de una utilización irresponsable de los recursos; la preocupación no viene determinada por el daño que hemos hecho sino el efecto que estamos empezando a sufrir, las inquietudes de la humanidad sólo se muestran cuando el daño ha causado su efecto y empezamos a sufrirlo. El gran enigma que se nos plantea es ¿Cómo resolver el daño causado, y si éste será enmendable o no?
Nuestro estilo de vida ha crecido a la par que nuestra mentalidad, nuestro objetivo no es el crecimiento, ni cubrir nuestro bienestar, ni satisfacer las necesidades de la humanidad, ahora somos una máquina monstruosa que fabrica basuras a millones de toneladas año; nos hemos permitido ya muchos años esta situación y, al final, nos hemos dado cuenta de que todo tiene sus consecuencias, de que el dinero es el motor del mundo y quien tiene siempre quiere más.
Hemos perdido el sentido de la medida, vivir en sintonía con el medio y con lo que nos rodea para convertirnos en un virus imparable.
Sin embargo, el ser humano tiene la capacidad también de crear con proporción y medida, siendo justo consigo y con su medio, y estableciendo una relación fructuosa y duradera con la naturaleza de la que vive y goza.
Se pretende alcanzar un mundo donde el consumo sea responsable, donde las emisiones sean nulas y donde la producción de residuos tras su reciclaje y reutilización sea cero.
Es una meta lejana, utópica y para nuestros días imposible. Por inalcanzable que parezca no podemos dejar de buscar este objetivo, de caminar hacia un progreso responsable. Para ello, se reforzarán las medidas legislativas, se tomarán mayores medidas de control y planificación, aumentar la eficiencia, reducir el consumo, reutilizar y reciclar, así una larga lista.
En conclusión, la humanidad nunca encontrará modelos satisfactorios en ninguno de los campos mientras conserve su arcaica mentalidad; la previsión no existe y, cuando llega el problema, es demasiado grande para afrontarlo, procuramos cerrar una operación de corazón abierto con tiritas, y nuestra forma de actuar es siempre negativa y dirigida por el castigo.
Esta va a ser la gran lucha de la humanidad en sus próximos siglos, un problema que ha de modificar no en superficie sino en fondo. Se enfrenta a una lucha en la que no puede permitir el fracaso y en la que solo encontrará el éxito si vuelve e imita los orígenes en los que un día se encontró.

Furor mundi

Atrapado entre cuatro paredes y, sentimientos que me persiguen, cierro los ojos y escapo de este mundo, necesito evadirme, desaparecer, sentirme otra vez, recuperar el tiempo perdido, cumplir mis promesas, mis sueños, mis deseos, no volver a mentirme…
No es tarde para cambiar de perspectiva, para plantearme todo de nuevo, rompiendo mis esquemas, mis cimientos, en definitiva quemarlo todo…
Por dónde empezar si estoy perdido, cómo encontrarme si no sé donde estoy, definitivamente me he perdido tanto que no sé volver…
Estoy envuelto en una oscuridad supina, de mediocridad, ignorancia, falta de objetivos, que me queda sino acostumbrarme a esta locura, asumir con cierta resignación que todos los días serán iguales, que esto estará lleno de sin sabores, de dificultades, y total ¿para qué? ¿Para seguir en este mundo vacio?
Es para pensarlo… para reflexionar un poco; es que ha pasado tanto tiempo y todo igual que casi me parece normal, a todos nos parece normal, convivimos con ello.
Veo mi ciudad sepultada por el hedor de la fábrica y el coche, amurallada de hormigón y ladrillo y cada vez más lejos de la Madre Tierra, ¿Es esto normal?
Veo en las televisiones, la prensa y, en general, los medios como destripan a la gente, me enseñan las miles de atrocidades de la humanidad y es objeto de alabanza la ignorancia y el desenfreno, ¿Es esto normal?
Veo que nuestros gobernadores nos roban ¿Es esto normal?
Veo a los ciudadanos despilfarrar todo el dinero en lujos innecesarios en una política de crecimiento sin sentido ¿Es esto normal?
Veo que la gente pasa hambre y duerme en la calle ¿Es esto normal?
Y así con tanto que parece normal y no lo es, que ya no nos afecta, porque desde niños lo vimos y, nos lo creímos, y nuestros padres y nuestros abuelos se lo creyeron y aún se lo creen…
Sí, es malo, dicen… Deberíamos hacer algo… Responden algunos, pero son balbuceos vacíos, ¿Cuántos seguirán estas ideas? ¿Cuántos responderán a la llamada? Ya estamos condenados, ya no hay remedio.

Scientia, scientiae tenebras

… hombres y mujeres de ciencia que aprietan con tanta fuerza sus creencias como un niño el más preciado de sus juguetes; y aquí entre científicos me encuentro, tienen sus mentes repletas de saberes pero todos carentes de real experiencia y, algunos, con el corazón cada vez más obscuro, donde han olvidado la vida, los amigos, la familia y, a veces, hasta a los hijos si los han tenido.
Un mundo embrutecido por la falta de verdadera pasión, por la falta de real vida que no sea orientada a la pura abstracción, pues vagan entre lo irreal y lo metafórico, entre lo inteligible y lo soñado; y el mundo también puede ser bello, puesto que, los recuerdos no se guardan en botellas, los olores no permanecen en las fotos, y la libertad del alma no se puede esperar entre cuatro paredes.
Son almas atrapadas que creen ser libres, perdidos tanto tiempo que ya no saben volver, han perdido la luz del faro de donde partieron, su velero ha encallado y se encuentran en una isla desierta… ¿Volverán algún día?…

La luciérnaga y la serpiente

Perseguía una serpiente a una luciérnaga y, la sierpe, a cada momento más cerca, preparaba ya sus fauces para devorar sin miramiento al insecto. La luciérnaga corrió cuanto pudo mas le fue imposible escapar de la serpiente; como sabía que la devoraría se paró y le preguntó:
¿Soy acaso de tu cadena alimentaria?
No.
¿Acaso te hice algún mal del que quieras vengarte?
No.
Entonces, ¿Por qué quieres acabar conmigo?
Porque no soporto tu luz.

La historia aunque no fue idea mía, sino que, tan sólo ha sido una adaptación de una historia que me contaron y que he procurado recoger lo más fiel y verídicamente conforme a la original muestra una realidad patente que se manifiesta día a día.
Hay personas llenas de alegría, de fuerza, de pasión, de luz que irradia a todas partes, sin embargo, sólo por el mero hecho de brillar, de iluminar a nuestro pequeño mundo ya sea con una sonrisa, con una buena acción o con un don propio, será objeto de envidia, de deseo y de codicia de las serpientes, que arrastrándose y envilecidas por su veneno, reptarán para acabar con la luz de los demás.
Sed precavidos de aquellas sierpes que, rastreras, acechan a la luz del hombre, pues no dudarán en acabar con todo lo que tenéis, en quitároslo todo, pero nunca les deis la satisfacción de que os arrebaten la luz, que no apaguen la llama que brota en el interior de cada uno, sed, pues, faros de luz y brillad más fuerte ante la adversidad, ya que, si os la quitan os volveréis como ellos, sierpes envilecidas y venenosas.

Pasta Clónica S.L.

A decir verdad todos nos parecemos tanto, como tan poco; y por ello estoy un poco harto.
Dos teorías viven en nuestro siglo XXI:
Una es la teoría unificadora, tiende a generalizar; la otra, la teoría dispersadora, tiende a individualizar.
Siempre he dicho, que, la virtud, está en la justa medida, y resulta tan escéptica tanto un extremo como otro, pero puestos a elegir, prefiero que se tome por patrón esta última. En general el ser humano, quizá por vagueza, quizá por dejadez, prefiere la teoría unificadora; no más calentamientos de cabeza, para que la paciencia, para que escuchar al prójimo, de que sirven los valores, y sobre todo, creando la personalidad de las personas a placer, dan forma a una cábala y punto. No importan los seres humanos, ni los hechos, ni las palabras, siempre daremos un dedo y cogerán la mano, daremos la mano y cogerán el brazo, es mejor vivir del amor de los demás. ¡Para qué pensar en el prójimo! ¡Para qué procesar más de dos datos! Se produce un colapso en la sinapsis neuronal, parece que pensar produce agotamiento, pero bueno que más da, con mi cubata en la mano y, el cigarrito en la otra, pillaré una buena cogorza a fin de matar alguna neurona más, o sino viviré una vida relajada, tranquila, Carpe diem a tutiplén.
La vida no es pasada día a día, tanto que dicen los “vividores”, eso no es vivir la vida; vivir es disfrutar de un paseo, vivir es sentir la paz al ver el cielo, al sentir la tormenta y los astros, vivir es perderse en un beso e incorporar en el corazón la solemnidad de la fe.
Pero, da igual, da igual lo divino y lo humano, he estado mucho tiempo tras las murallas de mi palacio utópico y hoy miro fuera, miro la barbarie humana, miro a mi alrededor y no veo más que miseria humana, esto es humano demasiado humano para mí, me entristezco apesadumbrado de ser un humano.

Parásitos y otros seres

Cuentan de ellos que son los seres más evolucionados sobre la tierra y, los biólogos que lo afirman no se equivocan, dicen  una gran verdad.
En los humanos sucede igual, seres que viven del amor de lo demás, del amor y del trabajo del prójimo, de su esfuerzo y caridad; de ellos hay muchos, infectan a su víctima y cuando ya no tiene más sangre, y sólo cuando han exprimido la última gota, vuelan con la brisa de la indiferencia y el interés. Velan por su conveniencia, eso sí, velan día y noche a ver cuanto más pueden quitarle a ese huésped. Clavan sus bífidas mandíbulas cargadas de mentiras y sutilezas, desgarran la piel con patrañas y falacias. Como bolas llenas del sebo del odio acaban, con papadas de maldad, barrigas cargadas de la grasa de sus víctimas pero, tarde o temprano esos parásitos mueren sepultados o ahogados por su morbidez, y los que fueron depredadores serán víctimas, o al menos es el único consuelo que nos queda.
También existe otro animal, animal por llamarle de alguna manera; a este ser, los biólogos nunca lo vieron; por extraño que parezca es un animal sin cabeza, se parece al rabo de una lagartija, cuando lo separan de su dueño da coletazos de aquí a allá. Hoy lo llaman algo así como “fan” y, señores utilicemos bien las palabras, no es lo mismo que te guste algo o que seas seguidor, que que sea un fan, nos quejamos de las cruzadas por el fan-atismo pero, hoy tenemos lo mismo.
Hoy tenemos un montón de “sujetos” sin cabeza, son una serpiente descabezada dando tumbos de un lado a otro.
En este mundo de locos, espero, que ni un parásito me infecte con su ponzoña venenosa y drene mis buenas intenciones ni que una de esas serpientes bailonas descabezada me aplaste al pasear por las calles de mi ciudad.

El país de pandereta

Todos los días me enfrento, ante lluvias y tormento, a la más cruda realidad.
No es por decirlo, pues por todos es notorio, que de aquí al consistorio, huele a corrupción.
Todos, unos y otros, metidos en el caldero, de caciquismo, mentiras y antiguas costumbres; costumbres de antiguo olor a fritanga, en las calles de la plaza, con uno u otro tacón.
Con todo el griterío, del populoso gentío, miro mi reflejo en el río, y no veo más que pura decepción.
Intercambio de palabras, vacías, vanas, eso sí cargadas de mentira, odio y maldad; dos mundos tan distintos, unidos con un único fin pues, desde arriba a abajo, y de derecha a izquierda todos tocan la pandereta, una pandereta que anima las fiestas y el jolgorio, de antiguo viene y ya es tradición, quien lo bautiza de quinta esencia, no se equivoca, no existe en ninguna otra nación.
Y ahora todos cantan, y ahora todos bailan, sin rumbo fijo, sin timón ni timonel, sin vela ni capitán claro que les dirija.

Poco hemos cambiado, en espíritu y alma, poco hemos cambiado, en esa nación gloriosa, que al olor de la rosa, la democracia lleva cadenas, la libertad es mero recuerdo y, una gran fuerza nos dice, nunca dejes para hoy lo que puedas hacer mañana.

Y así concluye este pobre delirio de un español, que al vivir los días que corren y al soñar días mejores, escurre las lágrimas al ocaso y al fin.